Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Adolescencia: una experiencia para toda la vida

adolescenciaSiempre que hablamos con algún padre con hijos adolescentes nos cuenta lo difícil que le resulta entender a sus hijos y saber por qué hacen las cosas.  Nos los  describen  como personas a las que ya no conocen.

¿Por qué los adolescentes se convierten en extraños para sus padres? ¿qué es lo que genera este cambio?

Para los padres esta situación de incomprensión se acompaña de un sentimiento de  tristeza y enfado,  que emana de la sensación  de haber perdido  para siempre a sus hijos. Esta situación   suele disparar en la familia mecanismos de defensa que hacen muy difícil  la convivencia y por supuesto poder pensar.

Aunque es sabido que el aparente rechazo que muestran los adolescentes  es una coraza protectora ante la fragilidad que están sintiendo, eso no impide que se repitan una y otra vez situaciones de conflicto e incomprensión entre padres e hijos.

Hoy  vamos a  a pensar sobre  los condicionantes físicos y psiquicos por los que pasa el adolescente y  las consecuencias que tiene que el mundo del adolescente cambie tan  vertiginosamente. Estos cambios se centran en los siguientes aspectos:

El cuerpo: el cambio físico que trae consigo la adolescencia implica “la expulsión del paraíso”, quieran o no, estén preparados o no, su cuerpo les está diciendo que ya nunca más serán lo que han sido hasta ahora. El cambio de aspecto, la dificultad que supone manejar un cuerpo distinto, les impone un alto grado de extrañeza de si mismos. El cuerpo les condiciona en todo.

La identidad: la seguridad alcanzada durante la infancia, esto es; el saber cómo hacer las cosas, que es lo que se valora en ellos y lo que no, lo que se puede hacer y lo que no, qué  y quién les gusta, etc., se volatiliza y  les deja  en el vacío y sin identidad. Ahora cada adolescente tendrá que crear su propio ideario de valores heredero del infantil. Han pasado de tenerlo todo controlado a no controlar nada. Preguntas que nunca existieron aparacen en catarata: quén soy, valgo algo, gusto, soy bueno, soy malo, me quieren,,… preguntas  nunca planteadas porque nunca hizo falta, la respuesta estaba asegurada, ni siquiera habia que hacerla. ¡¡Ante tal bombardeo lo mejor es ponerse la coraza de la arrogancia!!

Los padres: los adolescentes se sienten huérfanos porque  los padres todopoderosos de la infancia  caen, en su mundo actual ya no les sirven como lo hacían antes, cuando eran ideales y lo resolvían todo se podía confiar en ellos, ahora ¿quién les va a resolver sus dificultades? justo cuando más lo necesitaban. Problemas con los iguales, la pertenencia al grupo (gustar o no gustar), la aparición de la sexualidad adolescente, el sexo contrario… todo lo que conlleva dejar de ser niño y convertirse en adulto. No es de extrañar que se sientan enfadados y defraudados con los padres.

El grupo: si en la infancia su grupo era la familia, en la adolescencia el grupo es la pandilla. Pero esta no viene dada como la familia, pertenecer a un grupo de iguales  hay que ganárselo. Es por este motivo que a veces nos parecen demasiado vulnerables y condescendientes con los amigos, que hacen cosas por ellos que nunca habrían hecho por nosotros. La pandilla se diferencia de la familia en que no es un entorno ni seguro ni amable, pero es vital para ellos tener un grupo para dar forma a su identidad. El grupo es uno de los puntos claves de la tensión del adolescente, porque ahí es donde se va a gestar su nueva identidad, ahora ya sin el amparo de los padres.

Crecer supone separarse  de lo conocido y seguro, tanto para los padres como para los hijos. Pretender que sea fácil es imposible y además sospechoso porque sin conflicto no hay cambio.

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