Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Aless Gibaja

Este verano paseando   ¿sabeís a quién me encontré?, a Aless Gibaja, no sabía quien era, pero me llamó mucho la atención por su apariencia. La verdad, me inspiró pena. Me dio la  impresión de estar frente a un ser indefinido y desamparado. Iba solo, vestido igual que aparece en sus vídeos, pero en la realidad resultaba todavía más delgado. Al rato hablando con unas adolescentes les comenté la pena que me había dado una persona que había visto  y ante mi sorpresa me enseñaron su blog.

Salir del cascarón es un proceso difícil, hay que crear un mundo propio en el que el adolescente construirá, partiendo de lo conocido y familiar, nuevos esquemas y estrategias para superar las dificultades que trae la vida al crecer. En este proceso muchos adolescentes quedan atrapados y pueden ser fácilmente los depositarios de lo que asusta al resto, se convierten en los “marginados”, los “frikis”, siendo acosados por todos. A veces podemos ver cómo estos adolescentes se convierten  en el personaje que le  han colocado y se recrean en él, de manera que de víctima pasan a ser protagonistas de esa historia: el malote, el vampiro, el sumiso,…etc. De este modo su personaje será su nuevo cascarón.

Todos los adolescentes tienen una parte en la que se sienten  frikis por todas las transformaciones que están sucediendo en su cuerpo y  en su mente, por eso es probable que la imagen de Aless Gibaja les tranquilice, es como si inconscientemente se dijeran: “si este está en el extremo del frikismo y parece tan happy seguro que a mi tan mal no me va a ir”.

Ser un poco friki ayuda a construir una identidad y forjar unos intereses que pueden ser útiles para el futuro, por ejemplo, esos adolescentes que se convierten en frikis del coleccionismo, en seguidores frikis de cantantes, futbolistas… Si esto no invade toda su personalidad ni perdura durante mucho tiempo, ayudará a crecer, de lo contrario lo impedirá.

Aless Gibaja en su blog parece estar en un mundo atemporal, donde permanece eternamente niño, como dice él “bebé”, donde el contacto con la realidad es mínimo. El frikismo no ha dado paso, de momento, a una identidad conectada con el Principio de Realidad y por lo tanto adulta.

Mientras los demás adolescente y jóvenes andan preparando las duras pruebas que el mundo “real” exige, como por ejemplo la selectividad, él chapotea en los charcos “muy happy” o da ánimos desde la playa a todos los que están encerrados en su casa estudiando. Se converte de este modo en el admirado por el grupo en vez de en el acosado.

 

 

 

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