Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Claves para ser líder?

Escena de la película "El Viaje de Chihiro"

En los cursos de formación de profesores,  padres o directivos, siempre trabajamos  la autoridad porque es fundamental para hacer realizable cualquier objetivo. Para trabajar la comunicación, el liderazgo o reuniones eficaces con directivos. También cuando trabajamos con padres y les ayudamos con la alimentación de sus bebés, problemas del sueño o el manejo por parte de sus hijos de las nuevas y “adictivas” tecnologías. Con los profesores se pueden tratar todo tipo de aspectos técnicos, psicológicos o pedagógicos,  pero lo que siempre compromete su función es que el profesor  tenga capacidad para liderar con autoridad, de  hecho hay una Ley de Autoridad del  Profesor ¿pero la autoridad se puede adquirir por ley?

Ni la ley ni la jerarquía que coloca a los directivos, padres o profesores por encima del equipo, hijos o alumnos, sirve para que estos sientan que están en buenas y confiables manos.

¿En qué consiste  tener autoridad?

Al principio de este artículo hemos colocado un fotograma de la película “El Viaje de Chihiro” en el que aparece un bebé enorme.  En la película este personaje representa un aspecto infantil deformado por su incapacidad para tolerar la frustración, que le deja débil emocionalmente y aislado en una habitación por miedo a salir al exterior y tenerse que enfrentar con la vida. Crece, pero lo hace sin transformarse, tan sólo aumenta su tamaño porque sigue siendo un bebé que se asusta cuando siente algo desagradable y rompe en cólera exigiendo ser atendido inmediatamente.

Este es nuestro bebé interno. Se trata de un aspecto de la personalidad que tiende a quererlo todo y ¡Ya!, que cree tener siempre razón, que se enfada si las cosas no salen como  quiere, que tiende a ver injusticias e infamias hacia su persona en vez de plantearse en qué puede haber contribuido para que sean así,…etc.

Si hemos sabido contenerlo y limitarlo, este bebé no crece descomunalmente y por lo tanto tendremos cierto control y capacidad de pensar las cosas. Por el contrario, si no hemos podido manejarlo con firmeza,  tomará las riendas  de algunas partes de nuestra personalidad, en este caso  viviremos en sociedad evitando que se nos note esta debilidad. Bien es sabido que los bebés en cualquier momento pueden entrar en pataleta y liarla.

Podremos ser sensatos, responsables y hasta agradables, pero eso sí, sin tomar parte ni pronunciarnos independientemente  en nada pues no tendremos desarrollado el criterio propio. De este modo quedamos sin autoridad, rigiéndonos por normas  y criterios de otros.

La otra cara de esta moneda son  esas personas que muestran abiertamente su malestar contra todo y contra todos. Que buscan su beneficio y se irritan sin consideración cuando no se salen con la suya.

En los dos casos no puede haber autoridad, porque no se ha desarrollado una mamá/papá que calme y ponga límites a nuestro bebé.

Si no tenemos desarrollada esta función paterna-materna en nuestra mente, haremos las cosas desde nuestro bebé (las partes más inmaduras de nuestro self) y cuando se trate de tomar una decisión, de poner límites, que implican siempre  frustrar en algún sentido, no lo podremos hacer porque esto suele ir en contra de las directrices que marca el bebé.  Lo más probable es que nuestras decisiones sean evitativas y complacientes, que finalmente no convenzan a nadie y no sirvan para mejorar.

Desarrollar la autoridad pasa por aceptar las frustraciones que trae la vida, atreverse a compartir,  dejar de mirarse el ombligo y  comprender a los otros a pesar de que implique algún tipo de renuncia o pérdida. Si somos capaces de hacer esto, empezaremos a ser personas confiables y fuertes, dignas de ser seguidas, encontraremos el líder que llevamos dentro, porque no hay claves que podamos copiar, es un proceso de maduración. 

La agresividad que emana en las relaciones humanas  suelen asustar tanto que exige mucha fortaleza psíquica para tolerarla y contenerla. Muchas corrientes psicológicas basan sus postulados en ver que alternativas hay sin tener que pasar por los conflictos. Nosotras creemos que es justo lo contrario, hay que poder tramitar los conflictos, hay que ser capaces de mediar con nuestro bebé en ellos y conseguir que el sentido común sea el que se imponga. No existen atajos, cualquier formación que implique cambios duraderos ha de pasar por conectarnos con nuestra falta de autoridad.

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