Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Colecho: Todo o Nada

Muchas veces nos  posicionamos de una manera tajante  ante cuestiones de cualquier tipo, pueden ser  relativas al género, a la independencia, a la alimentación y hasta a la guerra. Parece que cualquier tema puede ser tratado como si fuera evidente que la VERDAD está sólo de un lado. Si somos capaces de reflexionar podríamos llegar  a la conclusión de que la verdad no está sólo de un lado, pero en la práctica son muchas las veces en que se hace imposible discrepar y pensar distinto y quedarse en un punto medio diferente a lo que la corriente general impone. La presión que ejerce el grupo hacia los extremos puede tener que ver con  la reacción ante la sensación de incertidumbre o de vulnerabilidad, pero también hay mucho de dejarse llevar por la necesidad de pertenencia al grupo y  por lo que piensa la mayoría.

Para pensar sobre esto podemos  tomar  la cuestión del colecho. Este tema puede servirnos de ejemplo de cómo  nos posicionamos en extremos  y lo difícil que nos resulta  reflexionar y cuestionarnos sobre ventajas y desventajas, beneficios e inconvenientes, maneras de aplicarse, dónde poner los límites, etc.

En el caso que nos ocupa, hemos pasado de “tener prohibido”que los niños se acercasen a la habitación de los padres, evitando fobicamente que los bebés fueran contenidos de la manera que fuese precisa,  (instalando la cuna en la habitación de los padres o durante su crecimiento dejandoles dormir con nosotros  cuando sintiesen angustia) a que se instalen a “vivir” en nuestra cama. El colecho, como cualquier tema, tiene el peligro del abanderamiento, porque en sí mismo no es ni bueno ni malo.

Desde nuestro punto de vista al niño hay que ayudarle a separarse. Pero para poderse separar es necesario haber estado unido, haber tenido experiencia de momentos de estar piel con piel, con el único objetivo de que los niños reafirmen su seguridad en si mismos y puedan caminar sólos. Tan obstaculizador del desarrollo puede ser no ser sensible a la necesidad de apego, como  dejarle sin límite en la cama impidiendo la separación. Es muy importante que los niños vayan desarrollando su propio espacio para de este modo construir  su identidad. Forzar en un sentido o en el contrario no parece muy recomendable.

La dificultad que tenemos para desmarcarnos de la opinión del grupo al que pertenecemos, genera tendencias  “versión oficial” de las cosas. Para poder llegar al punto medio y sano, hemos de poder vencer el miedo a quedar SOLOS con una opinión contraria a la de la mayoría. Si queremos hacer lo que verdaderamente nos convenga en cada caso, tenemos que tener el suficiente coraje para desmarcarnos de lo políticamente correcto. Un ejemplo de esto lo tenemos en lo que leímos  hace unos días: “ (Juan Carlos Ortega, entrevistado  en el  “El País”por Elvíra Lindo)

“Echo de menos que el humor se atreva con la nueva corrección política, porque la gente que se declara políticamente incorrecta, se refieren a cosas de hace 40 años. Pero la incorrección política ahora está en otro sitio: te metes con los grafitis y, bum, te machacan. O con el nacionalismo, por ejemplo. Y yo reacciono contra la unanimidad: cuando escucho a Artur Mas quiero ser español, cuando veo una unanimidad de izquierdas quiero ser un poco conservador, o sea, soy un inadaptado. Hay mucho humor adaptado y curiosamente de los que dicen ser transgresores. Una vez me pusieron a parir porque no me hacían gracia los chistes de Froilán cuando se pegó un tiro en un pie. Me llamaron facha, censor. Lo siento, pero para mí era un niño.

 

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