Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Cómo hacer de tu hijo un corrupto: 3ª parte: La ley del más “fuerte”.

En esta serie de artículos sobre corrupción hemos hablado del papel de los padres como conseguidores y de las consecuencias que esto tiene en la construcción de la personalidad narcisista.  ¿Existe alguna posibilidad de salir de esta situación?  ¿Podemos superar el predominio del modelo narcisista?

El modelo narcisista es muy corto de miras, muy poco sensato, pero es el que domina nuestra mente cuando es inmadura. Es como si imperase la ley del matón de clase, del que hace trampas en los exámenes, del que quita la pelota a su dueño y juega con ella hasta romperla…..todo esto sin que haya una “profe” que ponga las cosas en su sitio. El funcionamiento narcisista engancha, porque es:  “haz lo que te de la gana”, “que se han creído estos”, “yo lo valgo”, “a mi que me importa”, “y tú más”… y no pasa nada, nadie tiene que corregir nada.

Este  modelo de referencia social que observamos se está construyendo desde lo micro (las familias, los colegios, los pequeños grupos sociales…) y es lo que se está trasladando a lo macro (las instituciones, las empresas, los gobiernos…). El otro día una madre nos comentaba su preocupación porque su hijo no estaba siendo convocado a todos los partidos de su equipo de fútbol, “voy a tener que hablar con el entrenador para ver que está pasando, por qué no está convocando a mi hijo”. La política de este club es convocar a los que trabajan para el equipo: los que llegan puntuales, se esfuerzan en los entrenamientos y los que están en mejores condiciones para cada partido.  La madre tenía una visión individual del problema, solo veía a su hijo, no estaba viendo al grupo.  Cuando tomó perspectiva sobre el problema pudo comprender que su hijo formaba parte de un proyecto donde se valoraba el bien común, no el individual.

Cuando lo que prima es la visión individual frente a la grupal, se pueden oír cosas como lo que dijo la ministra de cultura Carmen Calvo en una entrevista a ABC el 29 de mayo de 2004 “…Cuantas más comisiones y asesoramientos externos de evaluación, para que los sectores y los ciudadanos puedan participar en el Ministerio, con transparencia y objetividad, mejor. Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie…”. Seguramente Carmen Calvo expresó lo que muchos piensan y hacen, lo del grupo no se cuida como lo propio.

Este tipo de comportamiento se construye en el colegio, en la familia… porque es ahí donde se establecen los límites entre lo que puedes y lo que no, es donde aprendes a aceptar tus errores y a rectificar, a respetar a los otros y comprender que del grupo se obtienen muchos beneficios no cuantificables.   Es importante revisar el tipo de relación que se está dando entre padres e hijos, profesores y alumnos, porque en estas relaciones a veces lo que se crea es un mundo de confusión, trampas e injusticias.  La semana pasada una madre nos contaba que la directora del colegio de su hijo de 7 años, la había llamado muy asustada para contarle que un amigo había mordido a su hijo. Ante la angustia de la directora que casi no podía ni hablar, la madre se asustó de que hubiese pasado algo más y la directora le contestó que no, pero que no se preocupara que ya lo estaban resolviendo  elaborando un dossier con fotos de los bocados que este niño había pegado para poder denunciarlo.

Sorprende que la directora no pueda comprender los problemas con perspectiva y de este modo resolver  con sentido común. El niño que muerde se debe sentir  desamparado ante los mayores porque estos en vez calmar y ayudarle a calmarse, lo que hacen es echar más leña al fuego. Por otro lado los niños de la clase reciben la consigna de que los conflictos se resuelven atacando en vez de comprendiendo.

Cuando los adultos no tienen incorporada en la mente la “ley del padre”, tiemblan como niños ante el conflicto y lo que hacen es ponerse del lado del que más ruido mete.  Como haría un niño ante el matón de clase.

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