Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Cómo ve el mundo un bebé?

El  bebé necesita mantener una ilusión. La ilusión de que está a salvo, de que no va a tener ningún problema  y  de que  todo lo que necesita está garantizado. La madre es imprescindible en su amorosa disponibilidad para crear este estado mental: el bebé tiene hambre y acude a su encuentro con comida, tiene frío  y la mamá sabe entenderle, le arropa y le calma… y así con todas las necesidades fisiológicas, que en este momento de su vida, son sentidas como señales de peligro que invaden su mente de angustia de muerte.

Para una buena comprensión del bebé, la madre o quien haga esa función, habrá de interpretar aquello que puede estar ocurriendo en  mente del bebé y de este modo afianzar cada vez más la confianza  en su madre y en su supervivencia.

Pero desde el inicio de la vida se impone la cruda realidad  que separa al  bebé   de la mamá con mayor  o menor sensibilidad.

Crear un cordón que haga sentir conectados al bebe y a la mamá es fundamental pero lleva tiempo, por eso algunas veces si la madre  no se siente todavía conectada de una manera suficientemente constante con su hijo, puede sentir mucho miedo y también culpa por creerse mala madre.

Por su parte,  el  bebé dispone de recursos que le protegen de los desencuentros con su madre y con la vida, porque psicologicamente está provisto de una herramienta para amortiguar el dolor de “su pequeñez”, cuenta con la fantasía omnipotente  inconsciente que le llena de una seguridad todopoderosa  y exigente, que le ayuda a mantener la idea  de  estar a salvo, de que sus necesidades se satisfacen sólo con el sentir la necesidad, como por arte de magia. Cree que todo sucede según “EL REY” lo desea, todavía no está preparado para conocer  las leyes de la realidad y es por esto por lo que se le siente tan exigente.

Que la madre sienta confianza en ella misma a lo largo de  la crianza, es necesario para poder ir regulando la omnipotencia del bebé, que si bien al principio le protege de sentir una impotencia sobrecogedora, (la que siente cualquier ser vivo en semejante situación de incapacidad para la supervivencia autónoma), puede llegar a ser si la madre no se siente segura, un impedimento para crecer. La relación está sujeta a muchas presiones y    por eso  a veces se atina a encontrar ese punto medio para cada situación y se recurre  a buscar patrones de conducta con el bebé  desde los extremos, desde  el todo o nada.

Por un lado tenemos que conseguir que el bebe confirme su fantasía omnipotente y por otro tenemos que desmontarla poco a poco con el tiempo. Un ejemplo de esto lo podemos encontrar en el colecho. Esta práctica promueve en el bebé la sensación de continuar en el útero materno. Al principio esto  da mucha seguridad alimentando la idea de que no existen los límites ni las separaciones. Pero este estado no se debe mantener, como a veces hemos escuchado “hasta que lo diga el niño”, porque lo que en principio puede servir para calmar y ayudar a crecer, se puede convertir en un freno al desarrollo, estancando al niño en una fantasía omnipotente de tenerlo todo, que choca con la realidad cuando por ejemplo, tiene que ir al colegio y se tiene que enfrentar a la separación.  Sin herramientas psicológicas,  la primitiva omnipotencia no se ha transformado en recursos realistas que le ayuden a  sostener el dolor y la rabia,   que le ayuden a tolerar la frustración y entender que hay un antes y un después, que las cosas que duelen también acaban, que mamá está aunque no la vea…

El bebé tiene que poder ir reconociendo la verdad de manera que la separación  sirva  para poner los pies en el suelo, comprendiendo  que no puede todo, que depende de otros, lo que  le permitirá aceptar la frustración de la espera y de no tener todo lo que desea.

Desde el nacimiento se deja  de ser uno con la madre, pero el bebé necesita alimentar la fantasía de que siguen unidos. Es por esto que el bebé está siempre cerca de la mamá que atiende cualquier necesidad casi al instante. Poco a poco el bebé ira teniendo la capacidad de aguantar y sujetar algo de su angustia. Comprobar que el y su mamá  son dos personas diferentes (al contrario de lo que ocurría durante el embarazo)   es lo que irá reforzando en el bebé la idea de que  es capaz, que tiene potencia y poco a poco, según vaya ganando en autonomía será capaz de hacer más cosas, como por ejemplo poder ir a la guardería sintiendo que va a poder estar sin mamá porque ha ido entrenando la espera y la separación en pequeñas y ajustadas dosis.

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