Actualidad y Psicoanálisis

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Congreso de Educación en Toledo: pensar, sentir y hacer

Rescatamos unas palabras del psicólogo Javier Urra en su ponencia durante el Congreso de Educación en Toledo «… ¿Cómo se puede ser profesor sin autoridad?, se preguntó.  Así animó a todos los actores del sistema educativo a ser valientes y ganarse el respeto: hay gente que tiene potestad pero no autoridad.  Hay muchas personas con miedo».

«Hay muchos niños muy aislados que no se sienten queridos, que lo quieren todo aquí y ahora.  En ese sentido, nos ha venido bien la austeridad, añadió.  Por ello, sostiene que hay que empezar a valorar lo positivo que tiene cada niño y educar no para ser el mejor, sino mejor.  Su propuesta podría resumirse en tres pasos:  pensar, sentir y hacer».(El Mundo, domingo 29 de septiembre de 2013).

Os preguntareis por qué hemos rescatado estos dos párrafos, que a priori pueden parecer que no están relacionados. Tendríamos que reflexionar sobre  lo que significa tener autoridad, porque muchas veces se confunde con control, rigidez y orden.  El otro día hablando con una madre nos contaba que el nuevo profesor de su hija de 4º de primaria les había colocado en clase separados, es decir, mesas en posición de examen.  También nos contaba como  les había vuelto a castigar por pasarse notitas.  Este ejemplo nos sirve para pensar que es probable que este profesor no se sienta con la autoridad interna necesaria para poderse manejar con sus alumnos de una manera natural, para poder empatizar con las necesidades emocionales de los niños y así   hacerles asequible el aprendizaje.  Este profesor es probable que se esté  defendiendo de los niños, porque en lugar de favorecer que se relacionen, que trabajen en equipo, que compitan entre ellos, como cualquier niño de 9 años, los aísla pensando así que los va a controlar.  Este sería un control rígido mediante la autoridad externa, que es necesaria pero no suficiente.  No estaría siendo capaz de tener en cuenta las necesidades de los 9 años, porque es muy probable que no se sienta capacitado para manejarse en ellas, no tiene autoridad interna, como decía Javier Urra en el párrafo de arriba  «hay muchas personas con miedo».

Este funcionamiento provoca desconexión y por ello incapacidad para rescatar lo que es verdaderamente importante para que sus alumnos deseen aprender.  Volviendo al ejemplo anterior los niños nunca van a aprender de una manera integrada, es decir, pensando, sintiendo y haciendo, si no se tiene en cuenta que para los niños de 9 años es fundamental la relación entre iguales para poder discutir, colaborar, compartir, competir… en definitiva hacer que el aprendizaje sea experiencial.  Esta incapacidad del profesor provoca rechazo en los niños y como dice J. Urra respecto a los docentes «tienen que estar socialmente bien reconocidos, pero también deben dar ejemplo a sus alumnos y ser emocionalmente equilibrados, porque los niños lo notan todo.  No creo que pueda existir un educador que  no sea esperanzador».

 

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