Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

De Primaria a Secundaria

Hace años tuvimos la oportunidad de desarrollar un proyecto para la prevención del fracaso escolar en el Ayuntamiento de Boadilla del Monte. Durante esos años hicimos diferentes programas, uno de ellos consistía en trabajar con los padres cuyos hijos estaban en sexto de primaria (11-12 años) y primero de la ESO (12-13). Esta experiencia nos sirvió para profundizar mucho en las ansiedades que se despiertan tanto en niños como en sus padres.

En esta edad ocurren grandes transformaciones físicas que van acompañadas de otros cambios, quizás menos visibles al principio pero igual de grandes, los emocionales. Todos estos cambios hacen que socialmente los niños empiecen a valorar mucho más el grupo de iguales y que se interesen de una manera muy distinta por los de su mismo sexo en primer lugar, para ir poco a poco interesándose cada vez más por los del sexo contrario. Además el sistema educativo rompe con los esquemas de trabajo conocidos por ellos e incluso pueden dejar el colegio para ir al instituto. Por todas estas razones esta etapa se convierte en una prueba de madurez para los niños y para los padres al exigir nuevas formas de relación.

Los padres y sus hijos han de encontrar un nuevo lugar que facilite el crecimiento. En esta gran empresa serán necesarios nuevos límites para ver donde tomar el relevo de cosas de las que se ocupaban o supervisaban los padres: orden de su habitación, tareas domésticas, dinero-paga, horarios, transporte, deberes, extraescolares, ocio, teléfono, internet, etc… Los padres tendrán que analizar en profundidad y definir con claridad todos los temas que afectan a la relación con sus hijos y al crecimiento de estos, para no invadir y/o sobreproteger, pero tampoco dejarles desamparados.

En este sentido esta semana el Juez Calatayud hizo unas declaraciones (El Mundo), que levantaron cierta polémica, en ellas decía que hay que espiar a los niños y ver que dicen en las redes. Si pensamos que hay que “ir soltando la cuerda” parecería que lo que dice Calatayud va en contra de madurar. Pero lo que está diciendo es que para crecer hace falta apoyo y supervisión, que la madurez no viene de golpe y por igual en todas las áreas y que hay que acompañar hasta que tengan la capacidad de controlar por ellos mismos. Se trata de que podamos soltar sólo en aquellas cosas para las que ellos ya se encuentran preparados, de otro modo los podemos dejar desamparados.

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Los preadolescentes y adolescentes se dejan llevar por la necesidad de ser “igual o como” los demás y por este motivo anteponen su necesidad de pertenecer al grupo a pensar en las consecuencias de sus actos. Pero a los padres les puede pasar lo mismo, por eso muchas veces escuchamos a los padres decir cosas como estas: “¿Cómo no se lo voy a comprar si lo tienen todos? o ¿cómo no le voy a dejar ir si los demás van?

El otro día una madre nos contaba como su hija de 12 años se había quedado los últimos días de agosto sin amigas de su edad en la urbanización y que por este motivo estaba yendo con niñas uno o dos años mayores que ella. Con esta edad es fácil sintonizar, pues los 12 y los 14 años tienen cosas en común, pero los intereses son distintos.

La madre nos decía que se habían ido en pandilla a pasear por el centro y a visitar unos grandes almacenes. Ocasionalmente esto puede no ser demasiado exigente para la niña de 12, pero si esta situación se prolongase, es probable que se estuviese desentendiendo de las necesidades emocionales de su edad que son muy distintas a las de los 14 años. Las niñas de 12 necesitan jugar más que las de 14, necesitan seguir dando forma a través de la ensoñación y la fantasía consciente e inconsciente a temas como la sexualidad y los chicos, cosa que se hace mucho más explícita cuando se tienen 14 y vas en pandilla a ver ropa y a pasear. Las niñas de 12 hablan, planean y es ahí donde se sienten cómodas y seguras, las de 14 están más en la necesidad de buscar el encuentro y de hacer realidad sus fantasías.

Otra niña también de 12 durante este verano ha crecido y cobrado más visibilidad por su belleza y desparpajo. Que para los chicos resulte atractiva no implica que sea mayor, todavía no es ni por asomo una adolescente. Es una niña y como tal hay que tratarla. En este sentido Calatayud diría que los padres tendrán que velar para que su hija no atienda a las necesidades del entorno, que en este caso pueden ser: que salga más a la calle, pida retrasar la llegada a casa y se comporte más activa sexualmente. Es probable que todas estas cosas ocurran, pero han de ser cuando la niña esté preparada, no antes. Los padres son los vigías de la integridad y de la seguridad de sus hijos. ¡En ese sentido hay que espiar!

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