Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Educar para crecer

Los niños nacen con una disposición natural a crecer física y también  psíquicamente. El cuerpo y la mente necesitan desarrollarse y lograr  identidad.

Que el cuerpo crece y que termina siendo adulto lo damos por descontado ¿Pero es  sólo cuestión de tiempo que nuestra mente  madure, que lleguemos a ser seres plenos?

         

¿Qué ha pasado en el camino?

Para crecer psíquicamente se necesita “alimento”.

¿Qué cosas se pueden considerar alimento para crecer psíquicamente?: Todas aquellas que nos reafirmen, que refuercen nuestra identidad y el potencial humano que llevamos dentro.

Parece sencillo pero no lo es. En primer lugar tendremos que reconocer que los niños por serlo no carecen de intuición. Puede que no estén preparados para comprender donde está el peligro,  por ejemplo si se ponen a gatear por el borde de una piscina. Pero sí lo están para reconocer qué es agradable a SU paladar y que no lo es, que juguete prefieren, que actividades físicas les satisfacen más, cuando tienen calor o frío, etc.

A veces los adultos obviamos estas peculiaridades. Si se trata de algo “poco importante” para el adulto quizás les dejemos o les demos el tiempo de elegir, por ejemplo cuando se trata de preferir un puzzle a un muñeco. Pero si resulta que el padre o la madre inconsciente o conscientemente ven a su hijo o hija como un futuro científico la cosa cambia, ya no da igual, preferirán que elija el puzzle y es probable que directa o indirectamente presionen en esa dirección  y dejen de observar las preferencias del niño.

Si se trata de temas como la alimentación la cosa se complica aún más, parece que si no toman todos los días “la dosis exacta” a la hora exacta,.. ¡tenemos un problema!

Los niños, por ejemplo, tienen que comer fruta pero a veces los padres no “escuchan” las preferencias y los ritmos de los niños. Se les impone de manera que pueden llegar a aborrecerla.

Es lo mismo con los programas educativos. El sistema obliga a dar todo el temario, y es verdad que hay que darlo, pero el éxito consiste en hacer digerible para el niño aquello que queremos que haga. Hacerle partícipe, respetando sus prioridades, sus motivaciones, para no perder al niño ni perder el objetivo educativo.

El fracaso escolar tiene mucho que ver con esto de no “escuchar”

La  necesidad  de los padres y de los profesores  por conseguir aquello que creen oportuno para los niños, puede ocultar otros aspectos menos tangibles de los adultos que se  depositan en los niños: deseos, ideales y fantasías, que les empujan a proyectar en ellos ese deseo, fantasía o ideal. Suelen tener que ver con aspectos de la propia identidad de los padres: aquello que quisieron y no tuvieron… por ejemplo ser científico, parecerse al abuelo, conseguir tal logro social, destacar en tal área…

También se proyectan los propios miedos con la intención de “protegerles” de aquellas cosas que temen los adultos, es el caso  de algunas fobias, sobreprotección, etc.

Estas proyecciones tienen un aspecto consciente y otro inconsciente. En los aspectos conscientes de estos deseos, ideales y fantasías, puede mediar  el pensamiento, pero en la parte inconsciente no y así es como se activa un mecanismo psicológico llamado Identificación Proyectiva, por el que el adulto identificándose con el niño, hace lo que esté en sus manos para conseguir su propósito inconsciente.

Es así como sin querer los adultos vamos anulando, en cierto modo, la intuición genuina por la que cada niño se rige para buscar aquello más afín a él, que debería ir construyendo su identidad, su individualidad. De este modo el niño se convertirá en un adulto sin un buen contacto consigo mismo y atenderá más a patrones normativos dictados genéricamente por “los expertos” y  escuchará menos sus intuiciones y las de sus hijos. El niño se irá haciendo cargo de los estereotipos y justificaciones de los padres y se irá desconectando, se irá perdiendo.

Es decir, lo que debería ser un camino  progresivo de  encuentro y reconocimiento de la propia identidad, se transforma en lo contrario, en un distanciamiento de lo que uno es o de lo que puede llegar a ser.

Abraham Maslow, padre de la psicología humanista, en “La personalidad creadora” dice   que el ser humano tiene la necesidad de serlo, de poder llegar a SER. Si el niño se encuentra con demasiados obstáculos familiares y sociales que le impidan irse conociendo, que mermen su creatividad y su intuición, no será nunca un ser pleno y es esto, según Maslow, lo que le llevará a la neurosis.

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