Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Educar para ser feliz

Desde hace varios siglos, tras las aportaciones de Charles Darwin, hay quienes sostienen  que la conducta agresiva del hombre es innata, pues según ellos,  si el hombre  tiene un origen animal y los animales son agresivos de forma innata, el hombre también lo es. Esta idea es rebatida una y otra vez en el libro de Ashley Montagu “La naturaleza de la agresividad humana”.

Que  los humanos somos criaturas asesinas viene, según este etólogo,  de falaces argumentos, prejuicios ideológicos, políticos y de extrapolaciones de la conducta animal parcial y sesgada a la conducta humana, para de este modo afianzar la creencia de que la conducta humana está determinada geneticamente.

imagesHan sido muchos los etólogos, como el afamado Lorenz, que han basado sus  conclusiones en experimentos con animales a los que sacaban de su entorno, aislaba, separaban siendo lactantes de sus madres,..etc, sin considerar el efecto emocional que esto podría causar en su conducta. Un ejemplo de este tipo de tergiversación experimental es un caso que explica Lorenz en el que retira a varios chimpancés del cobijo de sus respectivas madres, deja a las crías aisladas en cuartos individuales para evitar el contacto con ningún tipo de ser vivo, ni animal ni humano, cuartos insonorizados, vacíos sin objeto alguno con el que jugar, así desde los 6 meses a los 18. Tras este periodo se les pone en contacto con otro chimpancé. La reacción del monito aislado es gritar y chillar como un loco (¿cabría esperar otra cosa?). Conclusión del experimentador: si el chimpancé ha sido aislado de todo contacto, no ha tenido ninguna influencia y reacciona así, queda claro que la agresividad no ha  podido ser enseñada y por tanto es innata ¿¿Esto es ciencia???

Si de algo se queja Montagu, es de la parcialidad de algunos científicos, de la generalización y encumbramiento de opiniones que nada tienen de científicas. La ciencia se debe discutir a sí misma, no se complace con la certeza generalista, busca la duda, la relatividad, ama la incertidumbre.

Parte de la ciencia a la que estamos acostumbrados, es una seudociencia que adoctrina y manda mensajes cortos de vista que a veces están cargados de intereses políticos y económicos.

¿Cuál podría ser el beneficio de creer que el ser humano es agresivo por naturaleza?

Para empezar podría liberar conciencias pasadas, presentes y futuras. Todo el daño hecho a otros seres, a la naturaleza, el robo, el exterminio… quedarían amparados bajo la “Ley de la Superviviencia” Creer que somos malos por naturaleza, nos daría permiso a atacar sin culpa. También naturaliza costumbres como la guerra, el maltrato a seres humanos, el comercio sexual, las tradiciones bárbaras como tirar una cabra desde un campanario o mucha de la práctica de la caza deportiva.

El humano es un ser muy moldeable y adaptativo, su gran capacidad viene dada por su cerebro que le permite, como dijo Rodriguez Delgado, “Elegir una pauta entre muchas”. El cerebro humano permite la inhibición  y la elección voluntaria, y Montagú concluye que no hay una determinación biológica para la agresividad. De hecho poblaciones primitivas humanas como los aborígenes australianos, bosquimanos africanos, pigmeos, esquimales, indios,…etc., han enseñado a sus niños a manejar la hostilidad mediante  ritos a través de los cuales resolver sus diferencias. Estas culturas basaban su supervivencia en la cooperación y no en la dominación y la destrucción del “extraño”.

La semana pasada nos enteramos de la violación de un niño de 9 años por parte de cuatro menores en un pueblo de Jaén. El regidor del pueblo, José Luis Agea, ha declarado lo siguiente: “No estoy justificando nada, al contrario, pero todo trabajo previo es poco si se puede evitar una cosa así. Sabíamos quiénes eran, sabíamos que su entorno no es sencillo y, sin embargo, no les prestamos la atención que requerían” .

Es nuestra responsabilidad crear entornos cuidadosos y confiables que enseñen a los niños, desde su propia experiencia a cuidar para de este modo, estar en condiciones de descubrir la belleza y llenarse de ella. Debemos esforzarnos para dar el salto de  funcionamientos voraces y sin “cabeza” a otros más maduros y pensantes,  respetuosos y amables. Hay que educar para conectar con la bondad y felicidad que llevamos dentro.

  1. Anónimo Responder

    Me quedo sobre todo con el final… Desde luego, es nuestra responsabilidad y desde luego debemos dar el salto a funcionamientos respetuosos y amables. Gracias por vuestras reflexiones!

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