Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El alcohol y los niños

¿Tienen los adolescentes que beber alcohol? De alguna manera pensamos que si,» con lo caro que está en los bares normal que hagan botellón».  Esta es la típica frase que se escucha en los reportajes sobre el «botellón». Si nos quedamos en la idea de que los adolescentes tienen un derecho que les estamos negando por los precios abusivos, dejamos de pensar en lo que es más sano para ellos. Quizás que el alcohol sea caro es una medida preventiva para limitar el consumo, dejando claro que el alcohol es solo para adultos.

Hace unos años los adolescentes se reunían en discotecas para relacionarse, bailar, conocer gente nueva y tomarse la copa que su bolsillo (y el buen criterio de sus padres) les permitía.  El botellón deja fuera todo esto al colocar en el centro el alcohol, la finalidad del botellón es beber.

En algunos sitios como por ejemplo Granada el botellón se institucionalizó, llegando a ceder un espacio público con el fin exclusivo de beber.  Que la autoridad, «el padre» no solo permita, sino que de via libre y constituya como derecho determinadas transgresiones, genera un estado de confusión entre lo que se puede y lo que no, lo que se debe y lo que no, lo que es sano y lo que no, los límites se borran.  Lo que en un principio parecía libertad no es más que exclusión y hacinamiento, porque si reflexionamos ¿que les estamos dando a los adolescentes? un espacio lejos de nuestra vista, dejándoles solos y con el mensaje subliminal de: aquí tenéis lo que os merecéis, es a todo lo que podéis aspirar.  De este modo, sin la mirada amorosa y protectora del adulto, el adolescente queda desamparado ante su propio descontrol.

Los adolescentes están buscando otras cosas, los adultos confundimos el mensaje, no nos están pidiendo alcohol, están queriendo ingerir otro tipo de elixires: ¿en que consiste vivir? ¿en que cosiste disfrutar? ¿como puedo ser fuerte? y lo que les damos es una botella como toda respuesta.

Crecer es algo más complejo y por este motivo es probable que la entrada en el mundo adulto asuste mucho, otras culturas tienen ritos de iniciación, que consiste en superar pruebas para demostrar que se está preparado para ser adulto.  Este rito que puede tener un sentido, en nuestra cultura se ha transformado en «los retos», los chavales se invitan a transgredir sin sentido cualquier límite que seguramente esté puesto para cuidar,  en los juegos de los niños tipo el «comecocos» lanzan mandatos: has elegido el azul, pégale una patada al primer chico que veas, los preadolescentes mandan retos por whatsapp tipo: «te tienes que liar con fulanito si no quieres tener mala suerte en el 2017».  Y tanto niños como preadolescentes obedecen, esto en nuestra cultura son «las pruebas de superación», no es de extrañar que una niña de 12 años que posiblemente esté con niños más mayores en un lugar y a una hora que no debería estar, con todos estos mensajes implícitos, se vea abocada a tomarse una botella de ginebra para superar el «reto» soy mayor y así lo demuestro.

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