Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El Club de la Buena Estrella

El libro «El Club de la Buena Estrella«, en uno de sus capítulos dice:

«..Cuatro días antes de que los japoneses llegaran a Kweilin, puse a mis dos bebés y mis bártulos en la carretilla y, empujándola, partí en dirección a Chungking. Por el camino me adelantaron gentes que huían y ellas me informaron de la horrible carnicería…… Empujé la carretilla en dirección a Chungking hasta que se rompió la  rueda. Tuve que abandonar mi hermosa mesa de Mah jong, hecha de hong mu. Para entonces, sin embargo, ya estaba lo bastante insensibilizada para no llorar. Até las bufandas por los extremos y me colgué un bebé de cada hombro. Llevaba sendas bolsas en las manos, una con ropa y la otra con comida; cargué con ellas hasta que me salieron unos profundos surcos en las manos. Por fin, cuando estas empezaron a sangrar y se volvieron demasiado resbaladizas para sujetar lo que fuera, me deshice de las bolsas. Por el camino vi otras personas que habían huido lo mismo que yo, abandonando poco a poco toda esperanza. Era como un sendero cubierto de tesoros cada vez mas valiosos conforme se avanzaba. Piezas de telas finísimas, libros, pinturas de antepasados y herramientas de carpintero. Incluso había jaulas con patos, silenciosos y sedientos y mas tarde inmóviles, urnas de plata abandonadas por gentes demasiado exhaustas para seguir cargando con ellas…Cuando llegué a Chungking lo había perdido casi todo…¿Qué es eso de que lo perdiste todo?- inquirí con voz emocionada- ¿Qué les ocurrió a los dos bebés?..»

 

Recuerdo la lectura de este pasaje con el estómago encogido, yo también me hice esa pregunta ¿Qué les ocurrió a los dos bebés?.

La historia trascurre en una región de China invadida por los japoneses, los supervivientes  huyen de los bombardeos  intentando salvar sus tesoros, pero llegado un punto tienen que renunciar a todo para salvar su propia vida. Entonces ¿qué pasa con los niños?, cuando los adultos se sienten al límite ¿son abandonados?

Esto me hizo pensar  en la cantidad conflictos bélicos que hay en el mundo. En las madres y padres intentando dar seguridad, alimento y educación en esas condiciones.  También pensé en las sociedades  en las que convivimos con personas que están abandonadas a su suerte y que estas también tienen niños y en cómo quizás estando su supervivencia amenazada también abandonen en la cuneta a sus hijos. Este abandono me parece terrible, porque lo imagino como  resultado de la deriva en la que se encuentran como seres humanos. En  una guerra finalmente lo que puede imperar es el instinto de supervivencia, incluso cuando hay una buena construcción de la maternidad y la paternidad, ¿qué puede ocurrir para que en condiciones menos adversas el instinto maternal se altere?

Tiene que ser algo que ponga de manera «invisible» al límite nuestra mente.  Podría tratarse en ambos casos  de guerra:  externas e internas. Las externas tienen que ver con un funcionamiento o mentalidad de grupo  destructivo, que hace casi imposible llevar adelante la tarea de ser padres, que puede poner en jaque la  salud mental  de las personas, como le ocurre a la protagonista de la escena que describe el libro,  pero en el segundo caso, la guerra se desata dentro de nuestra cabeza, no hay salud mental.

¿Cuáles serían las causas de esta falta de salud mental?

Me pregunto si no estaremos construyendo una «mentalidad grupal»  que vive en guerra y como en las guerras vale todo.  No se ponen límites claros entre lo que se puede y lo que no. ¿Por qué esto es importante?, pues porque para construir mentes maduras y sanas se precisa tener en la infancia un entorno que asegure   alimento psíquico suficiente y de calidad. Este ambiente no puede ser de «guerra», si así es, los niños crecerán sin conseguir la suficiente fortaleza para enfrentar situaciones vitales que les permita  seguir pensando a pesar del dolor, la tensión, el miedo,.. Si esto no se ha tenido, se es mucho más vulnerable y es más fácil que nuestra mente se sienta acorralada, sin la necesidad de que ocurran situaciones límite.

Cuando hay ambivalencia  y confusión en la mente colectiva, los seres humanos no desarrollan suficientemente bien  las cualidades que los identifican como tales. Si el niño  crece sin  un referente adulto firme y confiable, se disparará en ellos  la incertidumbre y esta probablemente no les dejará asentar las bases  amorosas necesarias para ser adultos maduros,  crecerán en la desconfianza y la voracidad,  predominando  la acción en vez del pensamiento, la inmediatez (el corto plazo en vez del largo), el egocentrismo (no hay empatía, no importa lo que les ocurra a los demás), la acumulación de riquezas (el capricho, la glotonería, «yo tengo más»),..etc.

La mente grupal la formamos todos ¿podemos hacer algo cada uno de nosotros para devolverle a esta mentalidad grupal elementos que provean amor en vez de guerra? 

 

 

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