Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El género y la necesidad de pertenencia al grupo

En  el periódico  “El País” nos encontramos la siguiente noticia “Los grandes almacenes que ya no diferencian entre la ropa de niño y niña

… Las redes sociales se han llenado de alabanzas a la empresa, entre ellas Lauren Apfel, cofundadora y editora ejecutiva de Motherwell, que aseguró que le encanta “ver esta etiqueta de género neutral”, y ya se reclama que se haga también con la ropa de adultos. Los activistas del grupo Let Clothes Be Clothes ha elogiado el gesto y ha considerado que es la primera compañía del mundo que lo hace….

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Entendemos que la iniciativa tiene que ver con ir desterrando de nuestra sociedad las diferencias injustas que ponen a un sexo por encima del otro, porque ningún ser humano debería estar por encima de otro.  Pero nos gustaría pensar si  medidas como  esta, están alineadas con una tendencia que más que facilitar,  pueden  estar entorpeciendo la ya de por sí difícil tarea que tienen los niños y las niñas de construir una buena y sólida identidad.

Las diferencias existen, de hecho aunque los niños jueguen con muñecas, lo hacen  de manera distinta a la de las niñas. De este modo expresan diferentes necesidades que a través del juego se ponen en marcha y se elaboran.

No se trata de desdibujar las diferencias, pues estas son necesarias para la vida, sin ellas estaríamos perdidos en un mundo monocolor y sin relieve. El problema viene cuando creemos que para evitar las diferencias injustas lo que hacemos es eliminar  las diferencias en general.

Quizás la cuestión sea  permitir que los niños crezcan pudiendo matizar sus diferencias y de este modo construir una identidad única. Pero eso a veces es difícil, pues los adultos somos presa de inercias que nos llevan a dirigir la conducta de los niños según criterios ajenos a las necesidades de estos. Una de estas inercias está asociada a  la necesidad  de pertenencia al grupo. Somos seres gregarios, no lo olvidemos.

Para cualquier niño es prioritario saber qué se espera de él y conseguir vínculos que le confirmen que es aceptado, que tiene un lugar, “que es alguien”.  Por eso los niños “cooperan” con sus padres y otras figuras de autoridad, ajustando no sólo su comportamiento a lo que observan en ellos, sino también la forma de ver el mundo y de verse a sí mismos.    Nuestra identidad desde el inicio de la vida está ligada a ser aceptados y valorados por los otros, por nuestro grupo de referencia. Siempre tenemos uno: de pequeños es la familia, la clase, la pandilla..y así hasta el final de nuestra vida.

El término cooperar lo estamos utilizando según el criterio de Jesper Juul, (cuyo maravilloso libro “Su hijo: una persona competente” os recomendamos a todos),  demuestra que los niños hacen el papel que los padres estén escribiendo en un guion inconsciente para ellos. A veces son “tan desobedientes” o lo que sea, respondiendo a esas expectativas.

¿Nunca os habéis sentido únicos porque alguien así lo ha creído o todo lo contrario  porque os han dicho que lo habéis hecho mal? Parece que es muy importante lo que los demás nos digan y esperen de nosotros, no tenemos casi autonomía para dirigir nuestra voluntad libremente. Algunas personas consiguen ser, con el tiempo, “libres”, lo que  casi siempre significa “ir por libre” de  lo que marcan las tendencias o los grupos. La  mayoría, reconozcamoslo, no somos libres,  nos valemos de estereotipos (ropa, marcas, objetos, actitudes..) para crear una idea de lo que somos y siempre en relación a fortalecer la pertenencia a un grupo.

Ahora sugerimos que nos hagamos esta pregunta: si necesitamos tanto la aprobación de los otros, ¿hasta dónde tiene capacidad un niño para elegir libremente lo que quiere ignorando lo que su entorno desea? ¿Si un niño se viste de princesa es porque él quiere o es por acertar a ser más afín con los deseos de pertenencia?

Si lo planteamos así, quizás las presiones que hemos de desactivar sean las que nos obligan inconscientemente a imponer valores para la pertenencia grupal. A veces por “facilitar la libertad de elección” podemos  estar queriendo imponer  nuestros deseos y de este modo lo que conseguimos es entorpecer y, a veces, hacer fracasar la difícil  y trabajosa tarea de  construcción de la identidad.

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  1. Silvia Responder

    Lo comparto, nacemos en una familia determinada, no somos seres individuales, vivimos en comunidad y somos personas que estamos en constante relación.

    Los padres influimos totalmente en nuestros hijos, y así debe ser, la relación padres e hijos es subjetiva: lo que hacemos decimos en definitiva somos les alimenta. Y es mutuo.

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