Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El grupo es la clave del auténtico progreso.

 

Hace algunas semanas publicamos un artículo  “Pacto por la educación. ¿En qué hay que fijarse?”, en el hablábamos sobre cómo los niños aprenden más y mejor si trabajan en grupo. La cooperación entre ellos activa las capacidades porque cada miembro del grupo, con sus aportaciones, da lugar al siguiente paso sirviendo de estímulo a otros miembros  para continuar en  la búsqueda y  encontrar lo que hasta el momento estaba oculto. Cuando en un grupo se dan las condiciones se transforma  en equipo de trabajo, alcanzándose momentos de genialidad a los que cada individuo por separado nunca podría llegar.

Los grupos cuando construyen un verdadero  equipo, son el motor de las ideas más innovadoras. Es por eso que las empresas buscan insistentemente cursos que promuevan en sus directivos este toque de genialidad motivadora que impulse y les diferencie de la competencia. Pero lo que parece sencillo en los niños no es tan fácil de conseguir en los adultos, ¿Por qué?

A nuestro entender nuestra cultura fomenta el individualismo para que  creamos que ser fuertes es  no necesitar a nadie. Cómo si eso fuese posible. Nos necesitamos los unos a los otros, necesitamos apoyarnos en lo que otro aprendió antes que nosotros, necesitamos  las ideas que aportan otros compañeros, los proyectos que en otros sitios se pusieron en marcha con éxito, etc. Pero parece estar mal visto mostrar que somos seres necesitados, como si necesitar se confundiese en una sociedad donde muchas veces funciona la ley del mas fuerte, con debilidad.

Por otro lado la regla básica para aprender y mejorar  es poder poner en duda, cuestionarse a uno mismo y arriesgarse a fracasar en el intento. Cuando no nos atrevemos a reconocer simple y llanamente que por mucho máster en tal y cual cosa, años de experiencia y demás, no lo sabemos todo, renunciamos a  seguir teniendo campos abiertos de investigación y mejora, dejamos abandonada nuestra parte infantil curiosa y vital,  perdemos   inteligencia.

Tenemos miedo porque creemos que ser líder es no dudar y así cerramos todas las puertas para la mejora, convirtiéndonos en el  impedimento para que otros que dependen de nosotros lo intenten. Acabamos con la motivación y la curiosidad.

Hace unos años Bruce Springsteen en un concierto, a petición de un espectador, intentó tocar una canción que no era de su repertorio. No sólo no se indignó porque le pusieran en tal compromiso, sino que reconociendo su ignorancia, se dejó ayudar por el resto de músicos  para encontrar las notas adecuadas. “El Boss”, demostró que efectivamente es el Jefe. Líderes así no se suelen encontrar porque la mayoría  andan demostrando a su equipo lo mucho que saben y, por supuesto, evitan con todas sus fuerzas entrar en campos de incertidumbre y rivalidad que les puedan destapar como seres humanos. Hay que ser “El Boss”, estar seguro de uno mismo para poder destaparse sin temor.

Volviendo a la formación de directivos o de cualquier profesional que lidera grupos (también incluimos a los  profesores y padres) resulta inútil dar recursos técnicos para que los directivos, profesores, etc, se atrevan a innovar. Especialmente si no han podido resolver el complejo entramado  que  va en contra de exponerse a lo nuevo, a la incertidumbre del cambio y al no saber.

Los cursos de consultoría psicoanalítica buscan precisamente hacer una transformación interna que permita a los líderes atreverse a exponerse ante lo desconocido, a dar espacio a otros sin miedo ni recelo, viendo la tarea como un bien común en la que cada uno tiene un rol y un quehacer.  Si los jefes pudieran atreverse a hacerlo, solo haría falta saber tocar la guitarra, el resto lo daría la magia del grupo.

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