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El impacto de las tradiciones en los niños

downloadLas tradiciones forman parte de la cultura y constituyen una poderosa herramienta de cohesión grupal, es por ello que adquieren un poder casi sagrado e intocable. Pero las tradiciones pueden quedar obsoletas, de hecho así es. No cabe duda que los observadores ajenos a una sociedad son capaces de detectar con más objetividad la caducidad de algunas, pero para los miembros del grupo que se identifican con ellas puede resultar muy difícil.

No vamos a hablar de tradiciones, solo queremos pensar en la trasmisión de padres a hijos de estas costumbres y de su impacto en el psiquismo infantil.

Los ritos que se repiten intergeneracionalmente  tienen como objetivo desarrollar estrategias de supervivencia, sublimar  acontecimientos traumaticos  o impulsos destructivos, sin causar daños o males mayores. Sirven mientras cumplan con esa función.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que dejan de ser útiles?

Esta semana son las fiestas en Alicante, como en toda la Comunidad Valenciana, el ruido de la pólvora es seña de identidad. Allí muchos padres acuden con sus bebés en sus carritos para cumplir con la tradición y trasmitirla orgullosamente a sus hijos. En este proceso de inmersión cultural, la Mascletà, es el acontecimiento cumbre, sólo dura cinco minutos, pero el impacto de las ondas sonoras en el cuerpo llegan a producir tal estado de excitación, que desde luego a los mayores nos resulta, nunca mejor dicho, impactante. ¿Pero cómo lo pueden vivir los niños?  En principio parecen estar acostumbrados, la contención que les da estar con sus padres parece calmarles, ¿Qué impacto  puede tener emocionalmente una sensación tan desbordante?

El ruido imaginamos podría recordar  al de un bombardeo aéreo en su punto álgido. Estas emociones dificilmente pueden ser codificadas y entendidas. Sabemos de alguna madre que postergó hasta los 12 años el momento de llevar a sus hijos a la mascletà y no les gustó, no quisieron volver a ir hasta mucho más tarde.

Es verdad que el grupo a un nivel muy primitivo necesita que los padres “obedezcan” e introduzcan las señas de identidad grupal,  es por esto que a veces encontramos a niños viendo corridas de toros o cazando con sus padres, pero es probable que los niños  a nivel inconsciente lo vivan de forma desgarradora y traumatica. Siempre y ahora más que nunca, los niños  se identifican con seres desprotegidos como ellos.

Cuando los niños no pueden dar sentido a las emociones que sienten, es decir, cuando no pueden construir una estructura pensante que contenga y de sentido a lo vivido, solo tienen dos caminos:  tramitarlo a través del cuerpo (somatización) o a través de la conducta.

En España por ejemplo es muy habitual la caza en los pueblos, es frecuente ver a niños compartiendo el día con su padre escopeta en mano. Por un lado esta actividad proporciona una ocasión para crear vínculos entre padre e hijo y por otro se da un lugar al futuro hombre dentro del grupo. La caza simboliza muchas cosas en el grupo primitivo.

Para los hijos es fundamental identificarse con los padres y es por esto que a pesar de lo contradictorio que pueda resultarles, se atrevan a cazar. Pero para poder hacerlo sin conflicto deben hacer una escisión en su mente de forma que no se tome contacto con lo que se está haciendo y el miedo que produce matar a un ser con el que te identificas. Así ese contacto con la muerte se puede  presentar en forma de pesadilla o de descontroles de agresividad, e incluso como inhibición ante iguales. Todas ellas  pueden ser una manera de avisar del desbordamiento. Esta situación impide el desarrollo psicológico de manera adecuada, obliga a dejar encapsulados aspectos indigeribles que dificultarán la integración adecuada de los impulsos de manera que den lugar e identidad segura y fuerte  en la adolescencia.

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