Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El papel de la fantasía en el desarrollo de la Inteligencia Emocional

«En la primera  película de High School Musical Zac Efron no cantaba era un doble. Vanessa Hudgens, más bien conocida como Gabriela en High School Musical, se hizo conocida por subir a internet fotos desnudas, así la encontraron los creadores de la película y la hicieron actriz para protagonizarla.  En la serie Zoey 101, Nicole y Zoey eran mejores amigas, y supuestamente en la vida real también.  Eso es mentira, se llevaban tan mal que Nicole tuvo que renunciar y Zoey quedó embarazada a los 16 años. Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás, como quieras llamarlo, fue creado por la Coca-Cola para un anuncio publicitario lo cual hizo que sea una marca conocida.  De la serie de Phineas y Ferb, Candance Flynn… !EXISTE!, una adolescente de 16 años de Rusia, la cual tenía dos hermanos que murieron años atrás, y al morir, Candance se volvió loca, al llegar al punto de imaginar a sus hermanos haciendo tales proyectos.  Por eso cuando Candance lleva a su mamá a ver si pilla a sus hermanos no hay nada, porque se lo imagina ella…..»  Y la retahíla continua.

Esto fue lo que una madre encontró en su teléfono, del que su hija de 10 años hace uso continuamente para enviar y recibir whatsapp.  Nos hace pensar en lo que hablábamos la semana pasada respecto a cómo la fantasía amortigua el dolor de la realidad y cómo ha de irse transformando en recursos mentales que hagan la función que hace la fantasía en la infancia: da soluciones a la realidad y a medida que el niño crece esta soluciones son cada vez menos fantasiosas y más reales.

Si no se hace este proceso bien, el encuentro con la realidad puede ser tan duro que se evite patológicamente con todo tipo de defensas (fobias, obsesiones, ansiedades, miedos…).  En este proceso la realidad ha de irse digiriendo, de lo contrario se convierte en algo aterrador o en el mejor de los casos desconsolador, que es lo que ocurre con el mensaje de whatsapp, donde fantasía y realidad se confunden y se dramatiza.

Darse cuenta de que un dibujo animado no es real, como los niños creen, es una decepción, pero si se va desarrollando una suficiente fortaleza yoíca, esta decepción no supondrá una catástrofe, Candance no es real, es un dibujo animado, si la decepción que esto supone se puede contener no se convertirá  en una realidad catastrófica: es una niña rusa loca.

La fantasía que es útil al principio, se tiene que ir transformando, mediante el contacto con la realidad, en recursos inteligentes para comprender y sobreponerse al dolor y a la frustración del día a día. A estas capacidades las llamamos Inteligencia Emocional.

Para construir esta “equipación” psíquica se precisa en primera instancia de la madre. Esta ha de tener la capacidad de dar sentido y comprensión a las emociones del bebe, porque este no es capaz de entender, por ejemplo, que cuando tiene hambre, no se está muriendo, aunque él lo sienta así. A lo largo del crecimiento esta función, además de los padres, la harán   otros adultos ( profesores, padres de sus amigos..), de manera que el niño vaya comprendiendo la realidad y sintiéndose cada vez más seguro dentro de ella.

Ser inteligente emocionalmente es consecuencia de un proceso de interiorización de experiencias en las que otros te enseñaron a dar un sentido objetivo y sensato a la realidad. Si este proceso a lo largo del crecimiento sistemáticamente fracasa, conducirá a la exacerbación de la fantasía, pero no en sentido creativo, sino como defensa de la realidad para huir de ella. Entonces ya no será fantasía, sino lo que en psicología llamamos omnipotencia, con todo lo que ello conlleva: exigencia, vulnerabilidad, dependencia, no hay capacidad de contención emocional… en definitiva son recursos emocionales muy parecidos a los de un recién nacido.

Se produce un desencanto vital, desconfianza futura y miedo, se genera un estado emocional confuso que perturba el pensamiento caracterizado por la dramatización de los sucesos y el recelo a los otros.

En este punto tenemos dos problemas: no hemos alcanzado la madurez psíquica suficiente, (es decir no somos inteligentes emocionalmente, no hemos desarrollado recursos psíquicos) y además tenemos un estado emocional tóxico que nos lo pone todavía más difícil.

Las otras inteligencias podrán compensar este déficit y mantenernos dentro de la “normalidad”, pero el sufrimiento será muy grande e irá en aumento.

Este estado mental nos hará muy dependientes porque no hemos hecho lo necesario para construir nuestra identidad.

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