Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El pequeño Nicolás

Estamos entre divertidas y alucinadas con esta noticia ocurrida en España la semana pasada:

El martes 14 de octubre, la policía española detuvo a Francisco Nicolás Gómez Iglesias, acusado de estafa, falsedad y suplantación. Francisco Nicolás Gómez, a pesar de su juventud –apenas tiene 20 años–, se había introducido en los círculos políticos más exclusivos del país, en los que se tomaba fotografías con los dirigentes más importantes que luego utilizaba como «prueba» de su influencia cuando se acercaba a sus víctimas, a las que según el blog laRepública.es, «pedía comisiones a cambio de desbloquear operaciones mercantiles e inversiones» haciéndose pasar por miembro del Gobierno, asesor económico o trabajador del CNI, dirigente del Partido Popular, miembro de la oficina Económica de Moncloa o de la Vicepresidencia. (es.globalvoicesonline.org 20 de octubre de 2014)

Dentro de un sistema tan corrupto como parece que es el nuestro ¿Qué otra cosa nos podríamos esperar?  La noticia hace gracia por la juventud del protagonista, por su cara de niño y porque parece un guión sacado de Hollywood.

Dándole vueltas a la noticia de Francisco Nicolás, hemos caído en la cuenta de qué fácil resulta, cuando uno se acerca al poder, tomar un camino que te aleje del sentido común y de la realidad.

No hace falta pensar en la cúpula del gobierno, tenemos ejemplos a la vuelta de la esquina. El otro día nos contaban el caso de una comunidad de vecinos que acaba de cambiar de presidente. Para  su sorpresa el recién nombrado presidente se enteró de que la práctica habitual entre los que accedían al cargo era llevarse entre el administrador y el presidente pequeñas mordidas por las reparaciones,  arreglos  gratuitos de la vivienda del presidente si contrataba a determinadas empresas… Reparaciones que hubiera cubierto el seguro ni se contemplaban, para así cobrar la consiguiente comisión.  Esto, que parecía tan institucionalizado en esa comunidad,  ha dejado de serlo solo con estar pendiente, sin acometer ninguna caza de brujas en aras de la legalidad. No, lo que ha tenido que hacer el nuevo presidente es poner sentido común y honradez, cuidando de lo comunitario como si fuera propio, no como si no fuera de nadie.

La tendencia a aprovecharse al tener una situación de poder no depende de estatus o clase social. Para algunos la idea de tener poder, por pequeño que sea, parece ir asociada a ciertos beneficios. Noticias que escuchamos todos los días como familiares que utilizan el apellido y se convierten en «conseguidores», cargos políticos que terminan de asesores en empresas privadas con las que en su momento debieron negociar para defender los intereses de los ciudadanos, el despilfarro del dinero común y el desvío de dinero público para satisfacer intereses privados.  Muchas veces hablamos de dinero público como si fuera una hucha que no es de nadie, a libre disposición de los que ostentan el poder, como las  famosas tarjetas opacas.  Se da por hecho que la gente poderosa no tiene que ajustarse a las normas  legales y éticas del resto.

Por todo esto no es de extrañar que un alumno aventajado, al pasarse de la raya y hacerse pública su conducta resulte como una caricatura de lo que en realidad ocurre.  La pena es que esta caricatura concentre la atención por esperpéntica y los modelos en los que se ha basado se lleven las manos a la cabeza. Porque a los poderosos que han hecho del engaño su vida esta caricatura les espanta. Nos hemos convertido en una sociedad mayoritariamente narcisista, donde lo único que vemos es nuestro ombligo y bajo el lema «el fin justifica los medios» poco a poco nos vamos contagiando de este afán por conseguirlo todo, saltándonos las normas que sean necesarias, engordando nuestro ego a golpe de hacer creer cosas que no somos y claro, así queda: un ego debilitado y falso. «Me hago político para servir al bien común» y al final resulta que el único bien común al que sirven es al suyo y al de sus allegados. En esto Nicolás quiso ser un alumno aventajado.

Vivimos en una sociedad donde se fomenta y se valora lo falso, lo vemos en la televisión a diario donde personajes que vienen de la nada se hacen famosos por haberle hecho un hijo a alguien o por contar intimidades de alcoba.  Con esto se negocia y se consiguen contactos, dinero, todo para pertenecer al círculo.  La gente que no se salta las normas, que es fiel a unos principios, no tiene que impostar una imagen como ha hecho Nicolás.

Nicolás se ha colado en nuestras vidas. Desde que saltó la noticia no paran de llegarnos fotografías de Nicolás en todas partes, algunas reales y otras ficticias: en la coronación de Felipe VI, con Aznar, como emoticono de whatsapp, en la luna saludando a Neil Amstrong y muchísimas más.  ¿Por qué nos hace tanta gracia? A lo mejor porque todos tenemos un pequeño Nicolás dentro, que en ocasiones ha salido para fardar y presumir de cosas que no eran ciertas y así montarse una película. Debemos estar atentos para que nuestro pequeño Nicolás no se haga con el poder, aceptando nuestros límites y posibilidades reales, sin dejarnos engatusar.

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