Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

El valor del fracaso

¿Cual es el valor del fracaso?

Cuando comenzamos un proyecto, generalmente lo hacemos con expectativas de éxito y  sin contemplar el fracaso. Imaginamos  las piezas encajando sin obstáculo.  Pero qué importante es aceptar que las cosas llevan su tiempo y que a veces se fracasa en los primeros intentos.  Si aceptamos que las cosas no salen a la primera entonces  ¿Qué es un fracaso?

En muchas sociedades la idea de fracaso va unida a impotencia, expresada en términos tales como: no vales, no sabes, no puedes… Pensando  así, corremos el riesgo de  caer en el extremo opuesto,  la peligrosa omnipotencia, que trasforma  las cosas que no salen  a la primera y las dificultades en  fracasos y errores  de otros: “no ha sido mi culpa”, “me he rodeado de un mal equipo”, “el método era malísimo”, “las circunstancias han jugado en mi contra” y un sinfín de excusas para no enfrentarnos al injusto y exigente: “no vales”, “no sabes”, “no puedes”.

Una versión más realista y acertada del fracaso, está relacionada con el aprendizaje, con la tolerancia a la frustración y con el contacto con la realidad: “las cosas no suelen salir a la primera”, “voy a pensar que es lo que me ha llevado al fracaso”, “¿qué tengo que hacer diferente, dónde ha fallado el proceso?”.  En definitiva plantearnos el fracaso como proceso, no como un “fracaso” a secas, sino como una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente, como una oportunidad para mejorar, como los pasos imprescindibles y necesarios en todo proyecto y proceso de aprendizaje.

En muchas escuelas de negocios norteamericanas te dicen que cuando los grandes capitales tienen que invertir en una nueva empresa, tienen muy en cuenta si has tenido “fracasos”, si has quebrado alguna empresa, cómo fueron esos fracasos, si este historial está en blanco, desconfían porque piensan que antes de hacer algo grande, tienes que haber fracasado muchas veces. El fracaso es un verdadero aprendizaje porque brinda la oportunidad de saber donde están tus fallos, tus debilidades. No nacemos sabiendo.

Esto es importante aplicarlo a cualquier tarea a la que nos vayamos a enfrentar, no hablamos solo del éxito profesional, hablamos del estudio en los niños:  cada niño tendrá que encontrar su manera de aprender, esto puede llevarle tiempo.  De apuntarse a un gimnasio y no ir:  no es un fracaso, habrá que pensar que es lo que te impide ir, para qué te apuntaste en primer lugar.  De comenzar una dieta y no lograr el objetivo.  Cualquier fracaso es una oportunidad de aprendizaje, de autoconocimiento, de comprensión, de redefinición de metas…

El fracaso es bueno, nos abre la puerta a nuevas oportunidades.

El fracaso puede ser visto desde un lugar vital o desde un lugar mortífero. A los niños, en principio “les pone las pilas” aquellas cosas que les limitan. Cuántas veces hemos observado como obstinadamente los bebés se salen de la cuna retando a la adversidad de los barrotes, la altura, la falta de apoyo…. buscando insistentemente la mejor forma de hacerlo. No flojean e  insisten en conquistar un nuevo espacio de investigación a pesar de las barreras, los golpes y las dificultades físicas que encuentran. La dificultad y el fracaso no les desanima. ¿qué ocurre para que esa tenacidad y curiosidad se apague?

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