Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

«Ida». Caminos sin retorno

La violencia, la agresión, la trampa se pueden  explicar  con argumentos razonables: “hay que defender lo de uno..”, “ si no lo cojo yo, lo cogerá otro…”, como en el caso que escuché de un medico de cirugía plástica al justificar las intervenciones a pacientes  con problemas mentales: “…¡para que lo haga otro lo hago yo!”.

Se pueden tomar dos caminos para actuar. Sólo hay uno para hacer las cosas honestamente. El criterio de lo que está bien lo dicta un   mecanismo interno que ha de instalarse después de haber hecho un considerable esfuerzo de madurez. Si no es así, solo queda la posibilidad de que sea el entorno el que limite nuestros actos punitivamente, ejerciendo un control coercitivo.

El problema se produce cuando los límites de lo que está bien y lo que está mal  están desdibujados en nuestra mente individual y también en la mente colectiva. Es el caso de lo que ocurre en la película “Ida”. En  la guerra se permite lo que es imposible hacer en paz, el asesinato tiene una legalidad que ampara la venganza, la envidia, la trampa. Ida, bueno Anna, es una novicia a punto de tomar sus votos, pero antes, la superiora la enviará a casa de su tía, única pariente que le queda, de la que no sabe nada porque no quiso hacerse cargo de ella siendo niña. Ida-Anna, va en busca de sus raíces, saber qué pasó con sus padres, cómo murieron y donde están enterrados.Los padres de Ida fueron asesinados por un vecino con el propósito de quedarse con la casa familiar. Siendo judíos, en la segunda guerra mundial, matarlos podía hasta entenderse como un acto “noble y necesario”.  Estaba permitido y el asesino no dijo “no”, tomó el camino del mal, de lo feo, de lo oscuro.

Observamos como  la familia del campesino, asesino de los padres y del primo de Ida, vive ahora en una casa que no tuvieron que pagar con dinero, lo hicieron viviendo con los fantasmas de los asesinados.

Wanda la tía de Ida sigue la estela del dolor por la muerte de su hijo y su hermana. Es una muerta en vida y de alguna manera reproduce el mismo patrón de los asesinos; si está a su alcance  hace daño y venga su resentimiento, su cargo de juez “se lo permite” por algo la llamaban “Wanda la roja”.

Pero el mal no sale “gratis” y sus secuelas son múltiples.

Lo podemos apreciar en nuestro día a día, cuando no hay un límite bien definido entre el bien y el mal. Hay gente a la que se escucha  decir cosas como “sí pero a esos que roban no les pasa nada y viven mejor que nadie”.  Esto puede ser algo que todos pensemos, pero si reflexionamos desde este punto de vista, nos daremos cuenta que las consecuencias de elegir el “mal”  es alejarnos de lo que un ser humano necesita para sentirse feliz y vivo. La película nos muestra el coste que todos nuestros actos tienen, siempre queda un punto de conciencia en nuestro inconsciente que  recuerda lo que hiciste. Cuando el campesino desentierra los cráneos de sus víctimas, en ese momento comprendes que siempre estuvieron en su cabeza, que le persiguieron toda la vida.

El otro día en el reverso de un falso billete de 50€  leí lo siguiente:

 El dinero comprará:
Una cama PERO NO sueño
Comida PERO NO apetito
Adornos PERO NO belleza
Una casa PERO NO un hogar
Medicinas o un buen médico PERO NO salud
Lujo PERO NO cultura
Diversión PERO NO felicidad
Gente PERO NO  su amistad y cariño
 

Cuando eliges mal tu camino nunca llenarás el vacío existencial que todos llevamos a nuestra espalda. Lo que nos sacia de verdad es el camino de la belleza y de lo bien hecho.

Elegir el camino depende de nosotros:

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