Actualidad y Psicoanálisis

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La Bruja

La película “La Bruja” nos recuerda por su estética y sobre todo por su contenido psicológico a otra película, “La Cinta Blanca”. En ambas se es testigo de una creciente desesperación que implica la “rotura” psíquica de sus personajes. Si en «La Cinta Blanca» lo que provocaba el desastre psíquico era una previa patología metal de los adultos, en «La Bruja» es el saberse desprotegido en manos de la inexpugnable Naturaleza, sin apoyo social que provea de herramientas de supervivencia material y emocional. En este contexto somos testigos de la inevitable y progresiva caída hacia un estado de desconfianza y agresión que les convierte en lobos para ellos mismos.

imgres«La Bruja» comienza mostrando a una familia con capacidad para cuidar a sus miembros y contener el dolor que pueda aparecer, como el que surge tras tener que abandonar la aldea en la que viven, pero el ritmo en que se suceden las situaciones traumáticas y la gravedad de estas, va impidiendo la recuperación y la reparación de ese estado mental benigno. De este modo se va fracturando esa fortaleza psíquica hasta llegar a un estado de deterioro mental que no tiene marcha atrás, en el que queda instalada  la locura desesperada, el odio y la desconfianza.

Es esta desesperación la que da vía libre a la parte destructiva de la personalidad, la parte suicida a la que ya no le importa nada, la parte enferma y loca que busca culpables sobre los que descargar la desesperación y la ira. Los niños dejan de ser mirados con ojos amorosos y lo que en un estado de confianza-salud mental es comprendido y tratado con amor, en ese estado de locura, es sospecha. Se duda de la bondad hasta convertir cualquier cosa en  “La Prueba” de culpabilidad. Ejemplo de esto lo tenemos  cuando la hija mayor, una adolescente en pleno crecimiento sexual, es mirada por su hermano con deseo. Este hecho al principio de la película se contempla con naturalidad, ella es la única chica a la que puede mirar su hermano, en su mirada no hay signos de perversidad, es un acto reflejo propio de la naturaleza que se contiene y encauza. Pero lo que en un estado de salud mental es entendido y contenido, en la desesperanza es prueba acusatoria, “¡sedujiste a tu hermano! ¡tienes la culpa de todo lo que está pasando!, ¡¡¡eres una bruja!!!”

La mirada con la que miren los padres a sus hijos condiciona cómo se mirarán estos a sí mismos. Aquellos niños que sufrieron una mirada dura y despiadada, se tendrán por poca cosa o por “pecadores” como en la película. Si la intensidad de esta mirada no da tregua, conseguirá romper la esperanza y con ella la idea de bondad. Los niños crecerán y se convertirán en adultos perdidos y desconfiados de sí mismos y de la vida, no esperarán nada bueno y puede que sus actos se encaminen a la maldad, creyéndose a su vez malos y merecedores de castigos.

El mundo interno se construye de fantasías y estas han de ser tejidas como realidades que otorguen la creencia de ser DIGNOS. Sin esa dignidad no seremos personas. Nos convertimos en brujas malvadas.

Por todo esto es de vital importancia no dejar en situaciones de abandono emocional a los niños. En la infancia, debe estar garantizada la bondad de la vida, la protección y el cuidado amoroso. Sin esto no hay vida, lo que queda es destrucción y sufrimiento. (depresión, angustia, miedo, rencor, odio, fatalismo…). Es así como termina la historia. Un despropósito de desesperación, un mundo roto donde ya no hay esperanza  y en el que  sólo queda la locura.

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