Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

La carta a los Reyes Magos

 

 

 

Cuando ayer recibimos este video (es importante que lo hayáis visto antes de seguir leyendo) pensamos que los publicistas habían conseguido transmitir de una manera muy sencilla lo que los niños quieren de verdad, desmontando la idea que a veces los adultos tenemos de  lo que es importante para los niños y lo que no.

Para los niños es algo normal creer en la magia y pensar que lo pueden tener todo, pero los adultos tenemos que ir poniendo límites a esta fantasía, porque de lo contrario lo único que conseguiremos es que los niños cada vez se vayan haciendo más exigentes en sus demandas.

¿En que consiste poner límites a la fantasía? No se trata de decirles que la magia no existe, que todo es falso, porque ellos necesitan creer en este mundo mágico.  De lo que se trata es de ayudarles a que pongan  límite a sus deseos y acepten con alegría lo concreto. Es decir que puedan abandonar el deseo de tener todo, que en cualquier caso les haría sentir insatisfechos, y lo cambien por la realidad. Cuantas veces hemos visto a un niño desbordado por la cantidad de regalos recibidos abriendo paquetes sin parar y sin fijarse siquiera en el contenido, esperando algo que nunca va a llegar, porque con esta voracidad nada va a poder satisfacerlo.

Pero si sabemos que los niños con poco son más felices ¿por qué nos dejamos arrastrar por el deseo infinito del niño? En el video los padres parecen sorprendidos y muy emocionados ante la respuesta de sus hijos, como si no se creyeran que para un niño lo más importante del mundo son sus padres, que le quieran, que le hagan caso, que jueguen, … que estén.  Algo que desde fuera parece tan de andar por casa, pero que a lo mejor por ser tan común no le damos la importancia que tiene.

Desde nuestra experiencia profesional con niños, adolescentes y adultos, muchas veces nos damos cuenta cuando hablamos con ellos, de que sus recuerdos más importantes de la infancia no son los regalos, ni los viajes, ni el dinero, ni la casa; sino el vínculo afectivo con sus padres: «recuerdo cuando mi madre me besaba y me arropaba antes de dormir, que bien me sentía», «los partidos de fútbol en familia», «el bocadillo que me traía mi madre a la salida del colegio», «los domingos jugando al dominó»…

Quizá los padres se dejen arrastrar por el deseo infantil de su propio niño que lo sigue queriendo todo y en su búsqueda desesperada de ese «todo» no se dan cuenta de que el «todo» es algo intangible, inmaterial: son los besos, los juegos, las peleas, las sorpresas, los reencuentros…   En definitiva, son los momentos compartidos, esos que los niños del video ponen en una balanza y pesan más: «prefiero enviar la carta a mamá que a los reyes».  La carta a los reyes es eterna no tiene fin, la de mamá y papá es muy corta, va a la esencia.

No es la Navidad, es el consumismo lo que nos desamuebla la mente. Lo material no es la expresión del amor.

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