Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

La depresión de la vida cotidiana.

 

 

Elvira es una guapa treintañera  que parece tenerlo todo para  ser feliz, pero no lo es, está enfadada, no quiere vivir, esta desencantada y sin ilusión.

Podíamos plantearnos si lo que le pasa a Elvira esta relacionado con una patología, con una reacción puntual a determinadas circunstancias vitales, o si se trata de algo que viene del entorno y/o de la manera en que vivimos actualmente.

Su enfado crónico, tiene matices de actitud rabiosa e infantil sobre todo hacia su madre y un atrapamiento mortífero en el suicidio, que explicita al cortarse las muñecas en un ritual preparado al que  da connotaciones de  sacrificio y ofrenda.

En ese encuadre, cortarse resulta simbólico,  pareciera querer comunicarnos algo, ¿cuándo se corta estará queriendo cortar o separar algo? ¿de qué o de quién se esta queriendo separar?

No vemos a una mujer adulta, vemos a una niña en pataleta, que desesperadamente y de forma omnipotente rompe una y otra vez el tablero de juego. Está enfadada con las cartas que le han tocado en la partida, parece sentirse en desventaja,  no quiere jugar más. Vomita despectivamente su enfado con la vida, con su madre…. y lo que es más importante, no quiere remontar o al menos eso nos hace creer.

Una hipótesis de lo que puede estar ocurriendo se podría desarrollar  pensando  en el duelo. Relacionamos duelo con muerte y creemos que el duelo es necesario sólo cuando alguien muere, pero no es esa la única circunstancia en la que necesitamos hacer duelos. Crecer y todos  los cambios y separaciones que  supone, necesita de un proceso reparatório en el que lo nuevo tenga un lugar gracias a la separación de lo antiguo, esta reorganización exige un proceso de despedida al que no siempre estamos dispuestos, consciente y/o inconscientemente.

Para nuestra mente ultracoservadora,  los cambios son  motivo de displacer  porque  exigen  una reorganización  psíquica para separarnos de lo que conocemos, (aunque sea malo conocido), porque nos da seguridad. Si pensamos en el desarrollo de la personalidad desde que somos bebés, crecer supone dejar atrás permanentemente lo conocido por algo por venir que es nuevo. Hasta nuestro cuerpo se va metamorfoseando, es así como por ejemplo los adolescentes se enfrentan a un cuerpo que no sienten propio y que por cierto, también pueden lastimar como hace Elvira con el suyo.

Crecer es enfrentarse a lo nuevo, convivir con lo extraño.

En este proceso de crecer/renunciar, el Complejo de Edipo se constituye como piedra angular de cambios. Los niños han de acercarse, separarse, cortar y coser los vínculos con sus progenitores, de manera que puedan en todo ese proceso renacer como seres únicos, parecidos y distintos de sus padres.

La película  muestra el lado más crudo y violento de la autodestrucción, puede no resultarnos ajeno. Es posible que en cierta medida todos hayamos sentido a veces tal desesperación, en dosis variadas y con resultados distintos. La  mayoría de las veces podemos salir de ese estado depresivo, (con los tintes y aderezos que le podamos poner: rabia, enfado, tristeza, desesperanza, apatía…), sometiéndonos a las leyes de la realidad, aceptando aquello que impone el sentido común, que nos orienta a transitar por lo doloroso,  haciendo el duelo para dejar la depresión atrás.

Elvira encuentra un camino de salida,  casualmente o no,  a través de su madre. Comienza un proceso de reparación y reapertura a la vida que nunca es fácil. Podríamos decir que empieza a “jugar”, en el sentido en  que lo toma el pediatra y psicoanalísta inglés Donald Winnicott, y aparece el tiempo para sentir otras cosas, para experimentar otras situaciones, para hacer papeles que nunca hizo, empieza a darse forma a sí misma, a caer en la cuenta de cosas.

Estaría bien saber qué ha sacado a Elvira de lo mortífero y la ha puesto de nuevo en la vida, podría ser de utilidad encontrar claves que nos ayuden a nosotros a encontrar la salida cuando quedamos atrapados en la depresión de la vida cotidiana.

SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, COMPÁRTELO 

Deja un comentario

captcha *