Actualidad y Psicoanálisis

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La muerte de Asunta

Asunta ha muerto y no paramos de darle vueltas, el asesinato de un niño siempre conmociona. Pero parece que este caso va más allá, ambos padres están detenidos por su presunta implicación en el crimen.  Se han barajado diversos motivos (económico, enfermedad de la madre…) para explicar el crimen, pero no hay explicación posible.  En este blog hemos hablado varias veces sobre violencia infantil, a diario nos encontramos con noticias sobre abuso a menores, redes de pederastia y en ocasiones nos enteramos que los progenitores han sido los autores.  Y esto último es lo más terrible de aceptar, por eso estamos tan espantados con la noticia de la muerte de Asunta, porque los indicios apuntan a que han podido ser ellos !ojala no sea así!  Es algo contra natura, los padres cuidan y protegen a sus hijos, algo tiene que ir muy mal para que un padre o una madre maten a su hija, se están buscando causas y al principio se barajaba el móvil económico, pero no es posible que sea el único factor,  para que una madre o un padre maten a su hija algo no anda bien en su cabeza.

Asunta tenía 12 años para cumplir 13, estaba a punto de empezar la adolescencia, era una niña adoptada y sus padres pasaban por distintos problemas. Además parece ser que la  madre padecía algún trastorno psíquico. Con estos elementos nos podemos aventurar a hacer una hipótesis:

 La adolescencia es una etapa  vital, fundamental para construir el “definitivo” aspecto de nuestra estructura psíquica.  Se caracteriza por ser muy turbulenta emocionalmente y psíquicamente desconcertante. Todos los padres han de estar preparados para comprender y sujetar los arranques  que irán destinados a “hundir” en muchos casos su ego.

Aquí es dónde sumamos el hecho de la adopción. Ser padre adoptivo supone hacer un duelo por lo que no pudo ser, no se pudo tener un hijo biológico (bueno, no siempre, hay quien opta por la adopción habiendo sido padre o madre biológico), pero de hecho siempre hay que hacer un duelo por lo que no se pudo hacer por el hijo, me explico, el niño adoptado tiene una historia previa en la que no se pudo estar. Por eso siempre hay una herida narcisista, de menor o mayor magnitud, que implica que no se fue “todo” para el hijo o no se hizo “todo” por él.  Estas heridas pueden predisponer un sentimiento de fracaso, que unido a los sentimientos de desvalorización que los adolescentes inoculan por propia necesidad evolutiva, hacen muy difícil a los padres no sentirse deprimidos.

Los padres necesitan  solidez psíquica para transitar la adolescencia de sus hijos, es un periodo de revisión personal de los chicos y colateralmente de la relación padres-hijo. La fortaleza que exige es grande, cada uno de los progenitores habrá de asumir los desencuentros con su hijo, muchos de ellos bien fundados, y aceptar la parte que les toque. El niño o la niña  está intentando dejar de serlo.

El respiro que  aporta la pareja en todo este proceso es esencial, supone tener un sustituto y compañero de viaje que  hace una función de apoyo indispensable y de  válvula de escape,  el/la confidente con el que se puede revisar para poner sentido a la conducta de los hijos y tomar una postura común a seguir.

 Así la situación de Asunta se complica por momentos, desde este planteamiento, entendemos que  probablemente no hubiese   la suficiente contención familiar y que esto haya podido actuar de disparadero de otras cosas.

 

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