Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

La tecnología: el dios del s. XXI

Hoy queremos reflexionar sobre la tecnología y cómo se va metiendo poco a poco en nuestra vida. Pasivamente vamos recibiendo todas las novedades tecnológicas y las vamos incorporando en nuestro día a día sin tan siquiera cuestionarnos si son adecuadas para nuestro desarrollo como seres humanos.

Cualquier novedad presentada por un «gran dios tecnológico»(Apple, Samsung, Google…) es aceptado como bueno sin ningún tipo de cuestionamiento. Los teléfonos móviles son una parte indispensable en nuestra vida social, familiar, laboral… realmente sería muy difícil hoy por hoy vivir sin ellos. ¿Sabíamos en lo que nos estábamos metiendo cuando tuvimos el primer teléfono móvil? Supuestamente  lo que creímos en un primer momento es que era algo que nos iba a conectar, era un medio de comunicación, pero al final se ha convertido en un medio de control.

¿Quien es capaz de apagar el móvil por la noche? No estamos hablando de salir a la calle sin el móvil, sino simplemente de apagarlo por la noche.  Tenemos mil excusas para no hacerlo, que si es mi reloj, que si lo tengo en silencio y es como tenerlo apagado, luego hay que encenderlo y tarda mucho en arrancar… Lo que empezó siendo un teléfono se ha convertido en un apéndice, forma parte de nosotros.

La tecnología nos está haciendo tan dependientes que no vamos a ser capaces de vivir sin ella, nos convertiremos en superhombres dependiendo de que dispositivo electrónico tengamos.

El enganche es de tal magnitud que miremos a donde miremos hay alguien whatsappeando, googleando, emaileando, siguiendo las indicaciones de una pantalla para llegar a un sitio. Ha llegado el momento en que es impensable llegar  preguntando, buscando en un callejero, nos hemos hecho tan dependientes que nos parece imposible tirar de nuestros propios recursos: de nuestra orientación, de las indicaciones que nos dieron y ni escuchamos sabiendo que llegaríamos con nuestro teléfono.  También hoy en día parece una locura quedar en un sitio y a una hora, sin cambiarla, sin decidir sobre la marcha o simplemente esperar sin tener idea de por donde va el otro. El no saber ha pasado de ser algo natural a ser algo intolerable.

Como nosotros ya hemos dado por bueno el móvil en su totalidad, somos incapaces de esforzarnos para hacer cosas solos, que permitan que desarrollemos capacidades indispensables para el ser humano, como la tolerancia a la espera, a la incertidumbre, que son herramientas básicas para el desarrollo del pensamiento.

En este estado de cosas el adulto va a ser incapaz de limitar al niño. Sabemos que el móvil es una fuente de distracción y nos preguntamos cómo es posible que en los colegios se permita la entrada con móviles, el móvil se tendría que quedar en casa.  Pero claro, quien lo va a prohibir, si a veces vemos hasta a los profesores enredando con el móvil.  Los chicos en el patio se sientan a teclear, a lo mejor con el de enfrente, pero es más fácil así. En clase están todo el rato pendientes de los mensajes que les llegan y claro así es muy difícil centrarse en el aprendizaje.

Sabiendo todo esto ¿por qué van con el móvil al colegio? La tecnología nos ha tendido una trampa.  Nos facilitó en algunos aspectos la vida pero también nos ha infantilizado, no nos podemos despegar de ella y desarrollar la confianza en nuestras propias capacidades y en las de nuestros hijos. Pensamos que si no tienen un móvil a mano quedan desprotegidos, no van a ser capaces de gestionar los problemas del día a día, y así los padres se convierten en los controladores desde su propio móvil de los movimientos de sus hijos.

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