Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

La tragedia de los Alpes

 

Hemos pasado las vacaciones de Semana Santa conmocionados por la tragedia del avión estrellado de Germanwings. Lo que al principio parecía un terrible accidente se convirtió en algo mucho peor cuando se fueron conociendo los detalles.

Cuando la investigación se centró en el copiloto Andreas Lubitz, empezaron a emerger datos sobre su condición mental, datos sobre una depresión severa ocurrida en el 2009 y sobre una baja por depresión que nunca llegó a presentar.

Haber tenido una baja por depresión no es motivo para inhabilitar permanentemente a alguien, de hecho nuestra mente, como nuestro cuerpo, se mueve dentro de un continuo salud-enfermedad. Nos imaginamos además que en profesiones tan exigentes como la de piloto, donde no solo se tiene una responsabilidad enorme, sino que además los continuos viajes hacen que sus horarios cambien constantemente con todo lo que ello conlleva para los ciclos de sueño, de alimentación…, habrá mucha fluctuación dentro de este continuo  salud-enfermedad. De este desorden físico y mental uno se recupera mediante un periodo de baja para volver a poner en orden  cuerpo y  mente.

Lo que parece que le ha ocurrido a Andreas Lubitz no tiene nada que ver con esto que acabamos de describir.  Todo apunta a que el copiloto tenía antecedentes de un desajuste crónico mental, no un desajuste debido al estrés de la vida.

Lo que ahora se pregunta mucha gente es: ¿Cómo una persona  con una patología severa ha podido pasar desapercibida?

No podemos pedir más controles, porque sería imposible y no tendría sentido. El examinador explica que, aunque al copiloto del avión siniestrado se le hubiera hecho un examen el día anterior al siniestro, “si tenía la intención de hacer lo que ha hecho, no habría salido reflejado. (Mario Fandiño. Médico examinador de pilotos)

Quizás, como humanos vulnerables que somos, nos cuesta mucho aceptar que no tenemos todo bajo control y que pueden ocurrir tragedias. Deberíamos tener presente nuestra fragilidad para cuidarla en vez de negarla, como debió ocurrir en el entorno del copiloto.  A lo mejor nadie de su entorno detectó nada raro en Andreas porque muchas veces es mejor negar el dolor que enfrentarlo.

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