Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

La voz de la experiencia

Queremos compartir con vosotros un vídeo que habla de las experiencias que acumulan los ancianos. A veces no somos conscientes del tesoro que nos pueden legar. No es necesario llegar a viejo para darte cuenta de lo que te has perdido, a veces tan  sólo es necesario   escuchar la” voz de la experiencia”.

En nuestra sociedad tenemos ojos para lo vertiginoso y excitante y no para lo sabio. Sin embargo los ancianos tienen un legado muy importante que darnos, su testigo es el que necesariamente hemos de recoger si queremos seguir aprendiendo a vivir. Su duelo es nuestro duelo. Quien tenga padres mayores sabrá que se hace muy difícil verlos hacerse cada vez más “pequeños”.  Vemos como van encogiéndose físicamente pero al tiempo van apareciendo matices de su carácter que nos enternecen, se parecen un poco a los niños, pero con la experiencia de haber vivido mucho.

Es importante no perder de vista que debajo de su apariencia frágil hay un tesoro que recoger y cultivar, porque los padres dejan un legado a los hijos genético e histórico, los impregnan de su esencia, por eso se parecen a ellos. La vejez de los padres se convierte en la oportunidad de entender historias, de cancelar deudas, de perdonar errores, de aprovechar el momento que da el cambio de tornas y  cierre de ciclo  para ser  ahora los hijos quienes cuiden de ellos.

Pero no siempre es fácil llegar a este punto, la historia común puede estar enmarañada con historias antiguas “no me diste aquello…”  “mi hermano era el preferido” y lo que es más complicado, con historias inconscientes que tejen el pasado con nuestros padres y que tienen continuidad en la historia que tejemos con nuestros hijos.

Lo curioso es que si conseguimos alejarnos del rencor histórico, sale a nuestro encuentro  la reparación de las heridas y la capacidad de dar amor donde quizás creímos tener desamor.

La infancia de cada uno está plagada de momentos  vividos como injustos, de sentimientos de impotencia,  de historias que en su momento no se pudieron entender por no tener los recursos o por quedar apartados de ellas, son recuerdos que se incrustan con toda su parafernalia consciente e inconsciente y que dependiendo de la circunstancias personales y vitales de cada uno, pueden transformarse en heridas abiertas que ponen difícil salir de ellas. Nuestra historia se puede convertir en un obstáculo insalvable que nos impida cerrar heridas que nos permitirían crecer como personas y madurar.

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