Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Las necesidades que cubren las redes

450_1000Muchas veces estamos tan atrapados por el móvil que aunque estemos en un sitio en el que queremos estar y haciendo algo que queremos hacer,  el móvil nos secuestra y no podemos apartar nuestra mirada de él. La necesidad de estar conectados y de que se conecten con nosotros nos saca de la realidad y de lo que estamos haciendo en ese momento, ¿en qué condiciones quedan quienes deberían estar recibiendo nuestra atención?

Cuando la necesidad de ser visible es muy grande, se puede perder el espacio mental  para los hijos y de este modo anteponer nuestra necesidad de ser mirados a ocuparnos de lo que toca en cada momento. Así los adultos quedan  como niños dependientes a la espera de ser atendidos por mamá-móvil que gratifica inmediatamente.

El Complejo de Edipo es un mito que pone en relieve la relación que todo niño o niña tiene con sus progenitores. Al principio de su desarrollo necesitarán ser confirmados y admirados por los padres, (de ahí que sea tan importante mirar a los niños en vez de al móvil).  Cuando esta atención ha sido dispuesta de manera adecuada (sin sobreproteger ni abandonar) los niños podrán necesitar menos   ser el centro e irán adquiriendo autonomía e independencia.

Cuando no se ha conseguido cierta seguridad en uno mismo, buscaremos refuerzo externo para sentirnos dignos de estima y será más fácil necesitar ser “seguidos” y buscar  cierta expectación en los otros para  ser en algún sentido  valorados por los demás.

Este interés por ser admirados o tener  cierta  atención, tiene costes muy grandes. En primer lugar impide crecer y ser uno mismo, tomar contacto con la realidad y admitir los límites de la vida.

Cuando e nuestra infancia no nos sentimos seres únicos y valiosos de una manera auténtica, quedamos mendigando aprobación e incapacitados para dar a nuestros hijos lo que no recibimos. Si reparamos en esto, cuestiones como el “enganche” a las redes adquiere una mayor amplitud, descubrimos que tiene que ver en parte con la necesidad de ser queridos.

En la infancia necesitamos ser “seguidos” por nuestros padres, notar que nos quieren, que somos únicos para ellos. En la adolescencia volvemos a necesitar ser seguidos, pero ahora por nuestros iguales, comprobar que somos valiosos, que tenemos cosas que nos hacen especiales. Pensado así, la redes son un soporte de comunicación y de vinculación con los otros distinto al de otras generaciones. Pero de la misma manera que ocurrió en otros tiempos, si la necesidad de aprobación persiste,  nos avisa de que algo falta, de que no hay una buena autoestima que nos haga independientes y separados del resto, únicos, diferentes, con criterio propio y sentido común.

 

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