Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Leonard Cohen y sus Maestros

Nunca hemos sido grandes fans de Leonard Cohen, pero después de ver este video nos rendimos ante el genio.

Es interesante que lo veáis porque es verdaderamente conmovedor, Leonard Cohen 5 años antes de morir en la entrega del Príncipe de Asturias, da una clase magistral de vida y muerte, de agradecimiento y  dignidad. En el final de su vida y con la perspectiva que da el tiempo, puede reconocer donde estuvieron sus maestros.

Habla de dos maestros: uno reconocido internacionalmente, Federico García Lorca que le dio la “voz”y otro completamente anónimo que le dio la música.

Ambos dieron a Cohen algo tan valioso que lo sigue atesorando al final de sus días, pero  es probable que el maestro anónimo  no creyera que algo suyo fuera a producir un cambio fundamental en la vida de otro.

Tras muchos años trabajando en consulta nos hemos dado cuenta de que nuestro trabajo perdura en los pacientes que han conseguido realizar un proceso analítico. Sabemos que al terminar la terapia desaparecemos de su vida  después de años de una relación muy intensa  y en el caso de los niños, además muchas veces caeremos en el olvido. Hemos de confiar en haber aportado algo a la vida de estos pacientes.

¿Cómo viven los maestros la tarea de enseñar?

En los cursos que impartimos a profesores,  casi desde el principio, aparecen sus grandes  temores (a no ser importantes, a no ser valiosos, de no aportar lo suficiente), se olvidan de que son referentes indiscutibles para sus alumnos y que su legado está presente: en ese profesor que pudo mirar durante un curso a un niño de una manera diferente, que supo reconocer en él una valía que nadie había descubierto, en ese otro que pudo ayudarle a ver que por ese camino no iba a ningún lado, la profesora de infantil que le enseñó como acercarse a otros niños sin asustarles ni asustarse. Como Cohen estos niños estarán siempre infinitamente agradecidos aunque no lo puedan decir o no se acuerden.

El maestro que le enseñó a tocar los 6 acordes, en los que dice basar toda su música, se suicidó sin saber lo importante que estaba siendo. Este sentimiento de ser poca cosa se le pudo hacer insoportable.

Los profesores tienen que lidiar día a día con la frustración de no saber, de no poder, de conseguir logros con cuentagotas, en definitiva se enfrentan a todo lo que conlleva la ardua tarea de aprender y las emociones que esto suscita. En este camino se pueden sentir perdidos, desesperanzados e incapaces. El difícil equilibrio de manejarse con el no saber, el no poder, se puede transformar en “no valgo nada”, “nadie me apoya”, “soy un incomprendido”. La enseñanza es una de las tareas más valiosas y complicadas que existen, porque no se trata solamente de transmitir conocimientos, se trata de lidiar con las emociones que subyacen al proceso de aprendizaje.

Los profesores a menudo olvidan que tienen un gran poder en sus manos: la capacidad de influir en sus alumnos y transformar su vida,  tienen en sus manos a las generaciones venideras. Los resultados no se consiguen de un día para otro, se va sembrando poco a poco. Es probable que en muchas ocasiones no vean los frutos de su trabajo y esto puede ser muy doloroso e incluso llevarles a pensar que su trabajo no vale para nada, que no es trascendente. Puede que se exijan ser superhéroes, pero que no lo sean nos permite aprender  de su anónima humanidad.

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