Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Lo que de verdad hace cambiar una empresa

El otro día en la entrada de control de pasajeros del Ave Madrid-Atocha, presenciamos como se impedía el paso a un viajero que quería entrar con un vaso de agua. El discurso de las empleadas era que esa era la orden y que no iban a poner en riesgo su trabajo dejándolo pasar.

De entrada podemos ver cierta coherencia: esa es la norma y no hay mas que decir. Pero si tomamos perspectiva esta situación puede darnos información valiosa sobre la organización a la que pertenecen.

Analicemos los argumentos y sugerencias de los empleados para convencer al viajero:

1-Que la normativa ha cambiado por el mal uso y daño causado por parte de algunos viajeros en las instalaciones.

2-Que tienen que hacer cumplir la norma sin excepción porque no hacerlo puede ser motivo de despido.

3-Para poder pasar debía desprenderse del vaso de agua antes de entrar, “déjelo en esa papelera de ahí afuera”

pexels-photo-258510Esta escena deja entrever matices del estilo de la cultura de la organización. En primer lugar parece que impone obediencia en vez de pensamiento. Esto  implica dejar a los subordinados sin capacidad para razonar y hacer “suya” la norma. “Las cosas se hacen porque lo digo yo”.

Pero si no sienten la norma como algo sensato, la van a imponer de la misma manera autoritaria, lo que generará malestar en el viajero, que de nuevo, ante esa incapacidad para pensar, es probable que actúe su malestar como hacen los niños cuando les dicen “porque lo digo yo”. Es probable que el mal trato al usuario active el funcionamiento menos pensante y que a la hora de hacer uso de las instalaciones, no las valore y maltrate igual que han sentido que han hecho con ellos. Es decir, la norma así aplicada no soluciona el problema, lo puede empeorar.

Podríamos concluir que el tipo de liderazgo de la organización, el que se trasmite verticalmente de dirección a la base, aplica la misma mentalidad, “me importa un pito como lo hagas, obedeces y punto”. De ahí que la medida que parece estar queriendo cuidar, consiga lo contrario y en cadena. El malestar de la organización  se expande y genera lo opuesto a lo que se propone y así los empleados aconsejan al viajero que vierta el agua en la papelera que está fuera de su “territorio”, importándoles un pimiento los daños que pueda causar el gesto a terceros.

Normalmente las organizaciones piden planes de formación que consisten en cursos para hablar sobre liderazgo, autoridad, etc. Pero si no se acompaña de algo más, no hace NINGÚN CAMBIO EN LAS PERSONAS. Que una organización mejore, requiere que se “sane” de aquellos males que la enferman. Aumentar el sentido común de una organización, igual que ocurre cuando se trabaja individualmente, requiere de un proceso de transformación que depure aquellos funcionamientos grupales que contaminan el pensamiento y la madurez. Exige un cambio profundo que no tiene nada que ver con hacer simplemente cursos. 

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