Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Lo que vale un padre 2

La semana pasada hablábamos, en nuestro artículo «Lo que vale un padre«, sobre la necesidad que tiene el niño y la niña de tener padre. Este representa, como figura real o como objeto interno en la mente de la madre, una capacidad que construye un espacio psíquico seguro para  que el niño pueda desarrollar su identidad. Este espacio no se crea simplemente con la presencia del padre, exige de una actitud pensante en el progenitor que defina lo que se puede y lo que no, lo que es bueno y lo que es malo, lo que es creativo, constructivo, vital…y lo que no. Este sería el abecedario sobre el que los niños construirán sus propios esquemas.

Para crear un código el padre y la madre han de tener la capacidad de pensar y de sobreponerse a los desencuentros que se producirán en el crecimiento de los hijos, estos con sus demandas infantiles y desmesuradas, pondrán en jaque muchas veces el criterio de los padres y abrirán cuestiones que quizás por complejas o por no tenerlas bien ubicadas generen incertidumbre. Esto es lo esperable en una relación sana, no tenemos respuestas para todo, nadie es poseedor de la «Verdad».

Con frecuencia oímos cosas como «de momento está yendo a clase de tal o cual cosa, ya veremos que decide el niño más adelante». Los niños han de hacer lo que los padres decidan, son los padres los que tienen que tomar las decisiones y soportar, por ejemplo, la incertidumbre de no saber si es la mejor elección.

A veces los adultos para no tener que hacer este duro y angustioso papel prefieren no levantar una barrera que deje claro que no son amigos de sus hijos. Pueden también apelar al «derecho a hacer» en vez de al sentido común. El lío de los padres encadena otro en los niños.

Quizás esta sea la razón por la que una madre exige, en el colegio de su hijo de tres años, que este haga pis en un vaso. El planteamiento que hace a la profesora es: «¿Hay algún problema en mi hijo haga pis en un vaso si es eso lo que quiere?

Nos gustaría que pensaseis con nosotros esta cuestión. Puede que lo de menos sea si hay un problema, si tiene derecho o no a hacer pis en un vaso, en principio es perfectamente posible hacerlo, pero aquí lo importante sería pensar si hacer eso ayuda o no al niño. ¿Es útil para su desarrollo hacer pis en un vaso, le va a ayudar a integrarse, a diferenciar mejor, a ser mejor persona, a tener capacidad para discriminar sobre las cosas que se pueden y las que no, para saber lo que se ajusta a la realidad, al sentido común y lo que no?

Si el trabajo de aclarar y limitar la confusión no se hace, el niño queda «huérfano», abandonado a la deriva de los acontecimientos sin protección ninguna. Para nuestra sorpresa en la sociedad crear un espacio seguro  muchas veces consiste en no ejercer ningún tipo de límite con la idea de que así se está dando espacio y libertad.

Los niños son eso, niños, tratarles como si fuesen capaces de tomar decisiones en cosas que vienen definidas por los padres (que ellos deben hacerse cargo y responsabilizarse) o abrir debates sobre cosas que pueden ser una cuestión en la cabeza de los padres pero que no tiene por qué serlo en la de los niños (por ejemplo cuestiones de género), no hace otra cosa que perder y confundir, enmarañar a los niños en una complejidad que no necesitan.

 

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