Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Los berrinches de la vuelta al cole.

En la mente de todos está lo que significa volver, el reencuentro: con el trabajo, con los compañeros…

Dejar atrás el verano, la familia, la playa, independientemente de cómo haya sido de provechosa la interrupción por vacaciones, volver siempre trae aparejados unos «daños colaterales». Hoy queremos pensar sobre lo que significa la vuelta para los niños.

Volver es tenerse que separar. Primero hubo una separación, se tuvieron que dejar de hacer una serie de cosas que daban sentido y unidad a la vida. Todas las rutinas que a los mayores a veces se nos hacen insoportables, a los niños les hace sentir seguros. Así saben lo que va ocurrir, saben que después de levantarse, se desayuna, luego se va al colegio,  después hacen su vida dentro de la escuela con otro tipo de tareas y se vuelve a por ellos, así hasta llegar a la noche y dormir.

Su sensación de incertidumbre y de vulnerabilidad, diferente en  cada edad, queda arropada por todas estas certezas que finalmente cumplen la misión de dar tranquilidad y seguridad.

En estos días por las mañanas volvemos a encontrarnos con las típicas escenas de separación: los niños pequeños llorando porque tienen que dejar a sus padres y meterse en un lugar que bien es nuevo o se les ha hecho extraño durante estos meses de ausencia. Vemos como cada padre y madre se las arregla para calmar lo que a veces es casi imposible de consolar. Los niños ante esta nueva separación sienten que se les abandona a la incertidumbre.

A los adultos se nos hace difícil conectar con este tipo de emociones (nuestros años nos ha costado desprendernos de aquellos sentimientos), intentamos solventar el dolor con futuras recompensas que de este modo hagan que los niños «olviden» el mal trago. Quizás la primera cosa que podamos hacer para que nos sea más fácil manejar este tipo de situaciones tan frustrante sea podernos conectar de nuevo con la angustia olvidada de la infancia, pero desde nuestro lugar de adultos, es decir, conectar con la pena de la separación  sin volver al pasado y ahora pudiendo hacer algo que ayude a transitar el dolor.

A veces el dolor resulta tan abrumador que optamos por pensar que es malo sentirse así, y que lo que puede ayudar a resolver la situación es quitarle importancia «no hay que llorar»  «te vamos a llevar a la clase de los pequeños si sigues llorando»,  como si sentir angustia fuese retroceder, como si dejar de llorar significara dejar de sentir angustia. Quizás por eso hay  padres que rechazan la idea de hacer un periodo de adaptación con sus hijos recién escolarizados, restan importancia a pasar por esta etapa como si ignorándola se fuese sola. Puede que no quieran hacer este recorrido porque quizás ellos no resolvieron bien en su infancia esta angustia de separación.

Podemos encontrar casos en los que el impacto del recuerdo de este tipo de angustia provoca en los padres un desconsuelo tal que se identifican  masivamente con el niño y les resulta imposible calmarse y calmar.

La tercera posibilidad sería aquella en la que los padres pueden conectarse con su angustia, la sienten y no quedan paralizados por ella, se pueden recomponer y  acompañarles en estas situaciones que requieren de paciencia y comprensión.

En nuestra sociedad está mal visto pararse, que un niño llore es como que está atascado, que no evoluciona. Queremos un mundo sonriente y dinámico donde no ocurran estas cosas, pero esto no es posible, el dolor justamente es el que marca el crecimiento y la evolución, sin él no hay cambio, todo se para. Es por esto que muchos padres se sienten avergonzados de sus hijos o malos padres si se ven envueltos en este tipo de escena. Es como quedar en entredicho socialmente «mira que mal lo están haciendo». Ser padres, ser niños y crecer, supone un proceso de aprendizaje, si como padres en la primera separación nos desbordamos no es el fin del mundo, tenemos que poder tolerar este tipo de situaciones. Lo que es importante es tomarnos nuestro tiempo para pensar en lo que ha pasado y volver con las pilas cargadas al día siguiente.

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