Actualidad y Psicoanálisis

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Los maestros no necesitan regla

Siempre que trabajamos con profesores aparece la palabra “Maestro”, palabra sagrada a la que profesan veneración porque en ella se condensan ideas como comprensión, justicia, empatia, firmeza, seguridad, autoestima, valor, paciencia y AMOR. La añoran echando de menos una formación que les ayude a ser maestros, que les forme como personas en vez de  en especialistas en mover papeles. Se quejan del tiempo que les lleva cumplir con protocolos que no les sirven casi para nada, en vez de hacer trabajo de equipo para construir proyectos que integren y den sentido a las asignaturas, que las hagan interesantes para los alumnos, que estén en relación con las peculiaridades evolutivas  y los intereses particulares de los niños de cada centro. En vez de eso, encuentran programas educativos politizados, que cumplen con las expectativas de asesores educativos que no han trabajado nunca con niños y no saben en que consiste formar.images

En estos casos la norma sustituye al sentido común  y la autoridad del maestro. Las experiencias en vez de ser  educativas  se transforman en procesos administrativos.

Nos contaban unos padres la situación que se creó en el colegio por una falta que le pusieron a su hija. Todo, hasta la primera llamada en la que el colegio comunicó la sanción, tenía  formato de proceso judicial. La niña había firmado un documento por sus padres y aunque estos eran conocedores del contenido del documento, el hecho de haberlo firmado por ellos,  se considera falta grave. El caso es que se inició un procedimiento imparable,  aunque los padres explicaron que no sentían que la niña hubiese querido engañar, se les convocó a una reunión con el jefe de estudios y la tutora de la niña. La  reunión era para poner en conocimiento “los hechos” y que se firmase un acta de sanción grave.

La niña en cuestión no presenta problemas de conducta ni con adultos ni con iguales y se la considera, según palabras de la tutora, una niña “buena”.

La entrevista se realizó en un despacho  mientras la niña esperaba fuera. Cuando terminaron, tras unos 45 minutos la hicieron entrar y le leyeron  un acta con la hora exacta de comienzo de la reunión, hora en que se leían los hechos a la menor y todo el abanico de posibles sanciones incluida la expulsión del centro.

Si no supiésemos que se trata de una niña de 13 años normal, pensaríamos que es una predelincuente a la que hay que  llevar ante el juez con el propósito de asustar y amedrentar en una última oportunidad de devolver el agua a su cauce. Si no es este el caso ¿por qué el colegio toma esta medida?

A simple vista parece falta de autoridad. Cuando no nos sentimos con suficientes recursos y con  seguridad para tener un juicio propio, hemos de recurrir a la norma. Se supone que el clima de una escuela ha de ser educativo, no punitivo, de hecho los maestros saben mucho de lidiar con las cosas de los niños para ayudarles a dar forma a sus impulsos y que puedan  crecer.

Hoy en día no se utilizan reglas para dar palos físicos, ahora se utilizan para darlos de otra manera. La tutora tenia la confianza de la niña, creemos que tras semejante disloque pudo perderla. Hubiera sido más sencillo hablar con ella y desde la comprensión, poner el límite adecuado para que la niña comprendiese que hay barreras que no se deben traspasar, en vez de la sanción y el sometimiento a la norma sin más.

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