Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Los niños y los diagnósticos

Conocemos a una niña que hace unos meses se hizo un esguince haciendo gimnasia.  Lo que al principio parecía una lesión sin importancia fue evolucionando hacia una lesión sin nombre.  Los médicos no sabían que tenía, el pie estaba muy  inflamado, no dejaba que nadie se lo tocase y por supuesto no lo podía apoyar.

Ante la complejidad del cuadro se creó un grupo médico multidisciplinar formado por traumatólogo, anestesista, fisioterapeuta, psiquiatra y a lo mejor alguno más.  Entre todos diagnosticaron «Síndrome de Dolor Regional Complejo» (SDRC)  un cuadro que suele afectar a  adultos.

La situación de la niña despertaba mucha inquietud, pero al dar con el diagnóstico, a pesar de la gravedad de este,  fue como si todos pudieran respirar, ya sabían contra que tenían que luchar.

Cuando una persona acude a nuestra consulta, escuchamos todo lo que tiene que decir y vamos tejiendo una hipótesis de lo que le pasa y por qué.  Pero a diferencia de otras corrientes,  desde el psicoanálisis no damos un diagnóstico porque  entendemos que la mente es un continuo dinámico y por eso decimos: esta persona en este momento tiene un funcionamiento «x». Tampoco utilizamos los manuales de diagnóstico (tipo DSM).  La etiqueta  puede paralizar los procesos de cambio y evolución. En el caso de esta niña la «tranquilidad» que ofreció el diagnóstico hizo que se dejaran de investigar otras posibilidades, como por ejemplo los beneficios secundarios que obtenía  esta niña en su relación familiar estando enferma.  De hecho cuando la niña se alejó de su entorno  durante una semana, el pié empezó a mejorar, podía caminar, dejó que le dieran masajes y por consiguiente bajó la inflamación.  En cuanto a vuelto, todos los síntomas han aparecido de nuevo.

Con las etiquetas muchas veces se dejan de contemplar otras alternativas y de observar el proceso.  La etiqueta tranquiliza y desde ahí piensas que ya no puedes hacer nada más, que la enfermedad tendrá que seguir su curso y que todo está en manos de los médicos y de los medicamentos.

Pensemos en la cantidad de niños diagnosticados con TDA o TDAH, algunos de ellos nos llegan a consulta después de haber sido diagnosticados. Nosotras les quitamos la etiqueta e iniciamos un   proceso de investigación del por qué de sus síntomas. La mayoría presentan un diagnóstico de déficit de atención con o sin hiperactividad, pero es  debajo  donde están los verdaderos motivos del cuadro.  Si solo tratamos los síntomas, estamos obviando la causa real, que desde nuestra experiencia son variadas: dificultades en el crecimiento, emocionales, de relación con padres, con hermanos y también muchas veces los niños se mueven porque son niños.

Algo que nos preocupa mucho es el abuso de la medicación en niños, se les medica como si fueran adultos y no se tiene en cuenta que los niños están en desarrollo y que sus conductas son la expresión de dificultades, de experiencias que no pueden digerir o de un proceso natural dentro del crecimiento. La medicación parece que a quien calma es a los adultos, los niños necesitan comprensión, tiempo y trabajo y no soluciones de la «píldora mágica».

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