Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Los niños y los Reyes Magos

Según se acercan estas fechas muchos padres intentamos estirar el tiempo y cruzamos los dedos para que nuestros hijos sigan creyendo en los Reyes Magos.  Los niños empiezan a hacer preguntas sobre si los padres son los Reyes o nos dicen que fulanito o menganita les ha dicho que los Reyes no existen.  Pensamos en que cuando pasen las Navidades ya habrá tiempo para aclarar las cosas ¿pero es esto lo que se debe hacer? ¿es mejor decir la verdad clara y rotunda la primera vez que lo pregunten? ¿cuando hay que desmantelar la ilusión? ¿sirve para algo creer en los Reyes Magos y en Papá Noel?

Deberíamos plantearnos para qué sirve la fantasía.  Si nos detenemos un momento, podremos ver que es un elemento presente en el desarrollo del psiquismo.  Por ejemplo, si  el bebé no pudiese fantasear con la idea de que va a ser alimentado, es muy probable que no pudiese soportar el dolor físico y psíquico provocado por la ausencia de una mamá/alimento.  Gracias a la fantasía el niño puede ir aprendiendo a tolerar la espera, la ilusión es importante para llevar a cabo aprendizajes costosos en el desarrollo, para ayudarles a crecer. Los niños necesitan tener fantasías omnipotentes, para compensar sus sentimientos de impotencia, así imaginan en los padres y después en otra figuras una capacidad sobrenatural. Los niños tienen tantos temores y se sienten tan indefensos que necesitan figuras mágicas muy potentes para vencerlos y los Reyes Magos y Papá Noel son unos de los personajes de fantasía más reales, porque de hecho traen regalos, cumplen sus deseos en la realidad.

Según el niño va creciendo, sintiéndose más seguro y más capaz, no necesita imaginar figuras tan poderosas a su alrededor, porque puede constatar que es fuerte y además esta fortaleza ya está dentro de él  y por eso no son necesarias esas figuras fantásticas en el afuera.  Este proceso ocurre en torno a los 8/10 años, en lo que llamamos la etapa de latencia, que es una etapa de fortalecimiento, mayor autonomía, en definitiva es la etapa preparatoria para la adolescencia.

En esta etapa los niños comenzarán a dudar de su propia fantasía ¿será papá tan fuerte como yo creía, será todo lo mágico tal real? Esta duda puede generar diferentes reacciones en los padres, habrá quien se aferre a este ideal: seguir siendo mágico y así pensar que nada ha cambiado. O habrá quien abrumado por esta fantasía del niño de que él lo puede todo, a la primera oportunidad renuncie a jugar ese rol para sus hijos.  La tercera opción es dejar que los niños se acerquen a la verdad poco a poco a medida que su certeza y seguridad en si mismos aumenten.  Hay que darles el tiempo para  tener las herramientas necesarias para transformar estas fantasías en algo más evolucionado que esté más en contacto con la realidad, pero el final de su cuento lo tienen que construir ellos.  De este modo la fantasía se transformará en algo que pueda mantener la ilusión, pero de otra manera.  Porque la ilusión es algo fundamental para la supervivencia.

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