Actualidad y Psicoanálisis

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Luis Suárez vuelve a morder

Esta semana en el partido de clasificación para octavos de final Uruguay-Italia del mundial de Brasil, la noticia ha sido el mordisco que un jugador de la selección uruguaya ha pegado a uno de la selección italiana.  Un bocado que los árbitros no vieron pero que parece va a ser sancionado por la FIFA.

Los eventos deportivos son un fenómeno social que moviliza todo tipo de pasiones. A través del juego los humanos sublimamos nuestros instintos más primitivos y agresivos. Ya desde la antigüedad el Coliseum era el lugar donde otros se jugaban la vida, peleaban por conservarla, se enfrentaban a lo más animal, para que de este modo los espectadores observaran “humanizados” el espectáculo.

El sentido histórico de estos campos de juego ha sido permitir a las sociedades tener un espacio donde recrear la violencia sin que esta impidiera la vida en armonía. El comienzo de la convivencia social  necesitó normalizarlos  para desplegar la agresividad más primitiva  de forma organizada y así poder vivir en comunidad.  De  este modo lo que se pone en juego, pero ahora sin matar a nadie, es la misma adrenalina, el mismo deseo de vencer al contrincante, es la proyección de todos tus deseos de ganar, pero puestos en otro, es TU equipo, TU selección, TU jugador de tenis favorito…son ellos los encargados de pelearse a cara de perro por ti.

No siempre se consigue, a veces se forman grupos de hinchas violentos que continúan la pelea ficticia del campo, fuera de las gradas, reproduciendo  una pelea real en la que la sublimación que protegía la lucha fracasa.

Las sociedades cuanto más evolucionadas son, consiguen transformar las expresiones violentas en un mayor número de actividades artísticas: artes plásticas, teatro, música…  La mayor sublimación a la que se puede llegar es la del Arte, pero sin llegar a ser artístas, podemos transformar esta energía vital en otro tipo de cosas, que nos aleje de lo destructivo y mortífero y nos conecte con lo constructivo y vital: empresarios, gente que genera proyectos, inventores, en definitiva todos los que han colaborado en el progreso de la Humanidad. Porque cuanto más evolucionada sea una sociedad más recursos y facilidades tendrán sus miembros para sublimar sus pulsiones.

La sublimación tiene grados, el más bajo está en trascender lo agresivo viendo como otros se matan: en el Coliseum, en la plaza de toros, en los programas de televisión basura, en los supuestos debates de radio y televisión.

Pensando en que las sociedades evolucionadas, para serlo, necesitan espacios para sublimar sus pulsiones, ¿qué pasa cuando se rompe el esquema y el actor en vez de sublimar actúa la agresión? ¿qué consecuencias tiene esto en el espectador?

La protección que siente el espectador sabiendo que lo que está viendo es un duelo con principio y fin, con reglas definidas, con sanciones para cada infracción, le permite dejarse llevar durante 90 minutos por los sentimientos más arrebatados, que a veces rozan el delirio, sin sentirse por ello ni en peligro ni loco.  De hecho solemos ver que tras una lucha encarnizada, al finalizar el tiempo los contrincantes se felicitan y los espectadores probablemente respiran tranquilos, la batalla ha terminado.

Quizás por esto  este mordisco  ha generado más revuelo que cualquier otra agresión común en el fútbol, véanse patadas, empujones, cabezazos, codazos…un sinfín de acciones que en muchos casos lesionan al contrario.  El mordisco evidencia de una manera rotunda el fracaso de la sublimación, es una de las acciones agresivas más primitivas del ser humano.  Nos debe asustar mucho ver que nos podemos quedar como los animales, para los que morder es su primer arma de defensa y la única.  Sin embargo para el ser humano es una de las primeras, todos hemos visto el bocado de un niño, es el inicio de la acción agresiva hacia otro, pero este bocado se transformará durante el crecimiento en palabra, pensamiento, discusiones y en otro tipo de acciones.

 

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/obras/70.htm (Papa Inocencio X. Francis Bacon)

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