Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Maltrato, sadomasoquismo y pulsión de muerte.

 

En el vídeo una niña de once años comparte una poesía suya. Ha recorrido un proceso terapéutico de cuatro años para poder elaborar el maltrato sufrido. Este camino le ha permitido poner en palabras, en poesía, el dolor que la desbordaba y todavía late en ella, ahora con la posibilidad de diferenciarse del maltratador: sintiéndose victima y reconociendo el daño hecho.

Esta semana se ha celebrado el “Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer”.  Nos gustaría reflexionar sobre ello desde un punto de vista, el de la dificultad de contener el dolor.

Tolerar la frustración (dolor) permitirá resolver los problemas de la vida, lo que nos hará más y más seguros.  Siendo capaces de hacer esto, elegiremos caminos que impliquen esfuerzo y logro,  conseguiremos CRECER, sentiremos  SATISFACCIÓN.

Durante nuestro crecimiento hemos de desarrollar estrategias eficaces y sanas  para poder resolver los conflictos que encontraremos en el camino. Superarlos es necesario para nuestra formación como seres humanos, pero para conseguirlo, se han de desarrollar herramientas de contención de la frustración y la rabia, que nos permitan pararnos a pensar  y elegir la solución más sensata al problema.

Cuando no somos capaces de tolerar la frustración, no nos podremos esforzar para crecer y buscaremos la manera de alejarnos a toda costa del dolor,  recurriremos a mecanismos compensatorios como el PLACER que nos  provean de “satisfacción con minúsculas”.

Todos usamos habitualmente este “calmante” para aliviarnos de tensiones. El problema surge cuando el mecanismo que utilizamos para recuperarnos de las tensiones se basa mayoritariamente en el placer y no en la satisfacción. La satisfacción (resultado del trabajo para superar un problema) supone un respiro porque para conseguirla  tenemos que  implicarnos en  la mejora de las situaciones problemáticas y la resolución de estas. Hacer el esfuerzo nos proporcionará  la capacidad de sobreponernos a la dureza de la vida. El placer no tiene esta capacidad, es como un caramelo para quitarte la tos, te calma pero no te cura.

Si nos apoyamos casi exclusivamente en el placer, quedaremos faltos de recursos  para transformar el dolor en progreso y en vida. El no encontrar una solución autentica, nos  acerca a la desvitalización y puede dejarnos anclados al sufrimiento, todo porque el PLACER, así usado, pierde su capacidad calmante y de este modo, al tiempo, nos va dejando vacíos y perdidos. Este estado de insatisfacción y desvitalización puede que  nos acerque a placeres  alineados con la pulsión de muerte.

De este modo,   cuando ya no hay placeres que calmen desde la pulsión de vida, entraremos en el territorio del sadomasoquismo  que es capaz de convertir en “placentero” lo que no lo es. Los conflictos se convertirán ahora en el caldo de cultivo en el que sumergirse para sentirse vivo. La pelea, el ataque, el enfado, el maltrato,  el abuso, serán la manera de excitarse y sentir.

Todos hemos probado a descargar nuestra rabia en otros con el fin de aliviarnos de la carga que nos hacía sentir atrapados. En esos momentos justificamos muchos de nuestros actos porque “la culpa la tiene el otro”. Así somos capaces  de sentir  placer, el que nos deja vomitando la carga en el prójimo. La relación con los otros se puede convertir en evacuativa: conduciendo, en el trabajo, en el supermercado….. en la familia. Es en la intimidad familiar donde las disputas en pareja se pueden convertir  en la única manera de comunicación. Si el mecanismo de evacuación en el otro está activado permanentemente, podemos imaginar cuales pueden ser las consecuencias: maltrato  y abuso de cualquier tipo  por incapacidad para contener el dolor.

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