Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Martha, Marcy May, Marlene y un par de huelgas.

El domingo 27 de octubre había convocadas en Madrid dos huelgas, una en defensa de la sanidad pública y la otra en  apoyo a la víctimas del terrorismo.

Una amiga, el domingo por la mañana, me llamó para ver si hacíamos algo juntas y le dije que no podía. Ella me preguntó que qué iba a hacer, en ese momento me paré a pensar, me dí cuenta que mi respuesta no la iba dejar indiferente, que generaría una reacción en ella, como si por el hecho de elegir una u otra manifestación, la de la defensa de la sanidad pública o la de apoyo a la víctimas del terrorismo, yo fuese más amiga o menos, más  cercana a ella o menos, más confiable o menos. Si elegía la primera sería como decir que apoyaba al PSOE o que soy de izquierdas, si elegía la segunda sería como decir que era de derechas.

Esto puede tomarse como un problema mío o del tipo de relación que tengo con esta amiga.  Pero creo que no se trata de eso, más bien me parece que todos andamos sometidos a la presión de elegir un «paraguas» bajo en el cobijarnos. El paraguas de los que se suponen son «igual» que nosotros. Aquellos que nos deben merecer toda nuestra confianza, con los que hemos de estar a salvo porque resulta que son de nuestro bando. Nada más equivocado.

Me preocupa enormemente tener que elegir entre el paraguas de los «blancos»  o el de los «negros»;  como  si no hubiese complejidad en cada uno de los temas que tenemos que abordar día a día.  Desde el punto de vista psicológico se trata de un mecanismo que busca el amparo de lo igual, de los iguales, haciendo ecuaciones que evitan pensar y que crean la ilusión de tener el control en un mundo lleno de vértices sobre los que pensar, incógnitas que investigar, e inseguridades que tolerar. Cuando utilicé la metáfora del paraguas, me estaba refiriendo a un mecanismo por el cual evitamos hacer el esfuerzo de cuestionar las variables que intervienen en un problema para luego llegar a una  conclusión propia, que nos avisa  de que sabemos «relativamente» sobre el, que nos hemos acercado, pero seguimos teniendo muchos cabos sueltos.

Es por todo esto que el paraguas es el camino más transitado y los políticos sin saberlo o  intencionadamente, hacen uso de él, es así como se funciona si no se tiene la suficiente comprensión y amplitud de miras.

Salirse del paraguas genera inseguridad, pero no  confusión. En este caso la inseguridad tiene una connotación constructiva y sana, es aquella que permite la reflexión tolerando la incertidumbre del no saber. En cambio cuando rápidamente nos guarecemos bajo el paraguas de lo blanco o lo negro, evitamos hacer una diferenciación entre lo que nos gusta o no de cada cuestión. Si  reflexionamos tendremos   que reconocer que no «somos» de casi nada, que lo que podemos es estar de acuerdo en tal o cual aspecto con fulanito o menganito, pero que no hay nada en lo que yo «sea» 100%100  blanco o negro.

Cuando aceptamos ser blancos o negros inevitablemente nos radicalizamos. La radicalización es la hermana pequeña del fanatismo y se produce porque para mantenernos dentro del paraguas  tenemos que  echar fuera de nosotros  aquello que nuestro sentido común no puede aceptar, avisándonos  de que hay incoherencias, que estamos traicionando  nuestra conciencia.

La película Martha, Marcy May, Marlene trata sobre una joven que ha estado viviendo durante dos años dentro de una secta. Si bien este es el caso de mayor renuncia a la individualidad para estar dentro del paraguas, nos puede ayudar a reflexionar sobre la confusión que genera no poder hacer uso del sentido común y de la diferencia, por miedo a ser rechazado.  Tener que aceptar sistematicamente lo que tu grupo, » secta «, considera como válido y rechazar de la misma manera lo que considera erróneo, nos aleja cada vez más de  nosotros mismos, y por este motivo, cada vez somos más inseguros y desvalidos. Este es el motivo por lo que es tán dificil abandonar una secta, el  debilitamiento de la propia conciencia y seguridad en uno mismo. Cuando hemos renunciado a ser nosotros mismos por miedo, lo que ocurre es que ya no sabemos quienes somos y esto es una de  las experiencias más aterradoras que puede sentir un ser humano.

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin el consentimiento expreso de las autoras.

Deja un comentario

captcha *