Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Nelson Mandela, liderazgo y Ley del Padre

La semana pasada nos preguntábamos sobre dónde está la Ley del Padre. A nuestro modo de ver  está en personas como Nelson Mandela.

En los últimos días escuchamos cómo casi todos quieren parecerse a él, se hacen comparaciones de lo mas esperpénticas, ahora que está muerto parece haberse convertido en algo que nos podemos echar a los hombros y por arte de magia nos convierte en alguien admirable. No fue así en vida, mientras Nelson Mandela estuvo vivo, las mismas personas que ahora se acercan para estar “con él”, no se acercaron tanto. Nelson Mandela removía conciencias con esa sabiduría y autoridad que solo tienen  aquellos que trascienden la tragedia y dolor personal convirtiéndolo en comprensión y amor. Siempre buscó la manera de hacer que este mundo fuese mejor no solo para los negros sudafricanos, sino también para todos aquellos que eran víctimas de las decisiones de muchos de los que hoy están en sus funerales.

¿Qué era lo que hace a Nelson Mandela, psicológicamente hablando, alguien con la Ley del Padre de su lado?

Para empezar, esa capacidad de trasformar el dolor en pensamiento. En la película “Invictus” de Clint Eastwood    se narra la situación vivida en Sudáfrica en 1995.  En ella se describe cómo Mandela utiliza al equipo nacional de rugby, símbolo de la minoría blanca sudafricana  que la población negra rechaza. Mandela  tenía servida una oportunidad única de vengar su dolor personal y la humillación histórica de los suyos, pero en vez de esto, se sobrepone y toma la situación como una oportunidad para unir a blancos y negros salvando sus diferencias. Todos en su  equipo de gobierno rechazan la idea, los deportistas blancos desconfían de él, pero se implica personalmente para crear los ingredientes necesarios para trascender el odio. En este gesto está la Ley del Padre,  por la que en vez de anteponer el placer personal de la descarga instintiva del odio, lo sujeta en él y en los demás de manera que se pueda pensar.

Un buen padre es el que sabe ver donde está el límite entre el bien y el mal, tiene la capacidad de tolerar la frustración y ver a largo plazo.

No todos los líderes de minorías son capaces de tener esta visión.  A veces ocurre que  aumentan las distancias e incitan a ver a los otros como enemigos. Eso es lo que  se puede sentir, por ejemplo, con algunos grupos feministas, que construyen su causa convirtiendo a  los hombres en enemigos, aferrándose a  las pruebas de la injusticia perpetuandose como víctimas y  ellos como verdugos. Y que decir de otros líderes que incluso inventan las injurias para justificar el ataque al contrincante.

Sabemos que cuando la Ley del Padre no respalda al líder entonces no hay capacidad de generar pensamiento en el grupo y sin esta capacidad, no queda otra que tratar al grupo como si fuese masa  y fomentar en ella las pasiones más violentas de odio, de rechazo al distinto, de desconfianza y por supuesto de dependencia y adoración al líder “salvador”.

Nelson Mandela fue diferente.

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