Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Niños y Adolescentes en el escaparate. El peligro de las redes sociales

Los humanos somos seres sociales y como tales vivimos en grupo desde que nacemos. Necesitamos  la seguridad y la protección que da la pertenencia y desde esa tranquilidad, construir nuestra  identidad.

El grupo familiar y el social, intervienen decisivamente  en la creación identitaria. A través de la interacción con el grupo de pertenencia, el niño asumirá quien es, se verá reforzado en sus capacidades o contrariado en ellas, con deseos de crecer o con desilusión, con confianza o con miedo. El grupo es el que interpreta y devuelve al niño una visión de sí mismo. Dependiendo de cómo haya sido esta interacción,  la identidad puede tener diferentes “calidades”. En el punto más alto estarían las identidades únicas: aquellas que se forjaron con tiempo, respetando los ciclos de crecimiento y las particularidades  de cada niño. En el extremo opuesto están la identidades anuladas: aquellas en las que el entorno no tuvo en cuenta las peculiaridades del niño y le impuso algo que le era ajeno y vulneraba su esencia.

Las identidades de primera calidad ofrecen, gracias a que se preservó la  conexión con uno mismo, alta autoestima, seguridad en uno mismo, capacidad para diferenciarse del grupo/masa, eligiendo el camino propio. Las del segundo, quedan a merced y necesitando permanentemente el refuerzo del grupo para sostener una identidad que se deshace. Por supuesto entre estos dos polos hay muchas posibilidades porque el carácter del niño y tipo de entornos con los que se relaciona a lo largo del tiempo, pueden ofrecer otras salidas que construyan o reconstruyan la identidad.

Desde nuestro punto de vista, el desajuste entre el niño y el entorno, se puede dar por falta de capacidad para “VER” al niño. Nos referimos al impulso que lleva al adulto  a  etiquetar, juzgar, poner nombre a cosas que deberían quedar preservadas y sin ser aireadas hasta que el niño pueda ser quien hable de ellas.

También puede ocurrir que el niño capte demasiado, que esté más expuesto por recibir mas información. Este es el caso   de los niños traumatizados que tienen que crecer demasiado rápido y de los niños con altas capacidades. En ambos casos se encuentran  sobreexpuestos, lo que determina una actitud  distinta, cosa que puede provocar ser mirados con lupa, con desconfianza. La mayor exposición por tener más captación, sensibilidad o inteligencia, hace que estos niños estén en contacto con aspectos internos y externos de manera precoz, antes de que tengan los recursos necesarios plenamente desarrollados y un Yo que haya podido crecer  “lo suficientemente dormido”

Que los niños estén en el escaparate no es bueno. Las redes sociales  se convierten en el escenario  que  pone en juego la identidad   bajo la presión  que marquen los cánones de éxito social,  obligando a aprender estrategias y trucos para tener mas likes virtuales,   en vez de reflexión, comprensión, empatía, amor…hacia uno mismos y el prójimo. Estar en el escaparate  obliga a ser algo que tapa la  esencia, dejándola sojuzgada y maltrecha.

Además de en las  redes sociales virtuales,  los niños están en el escaparate  cuando los adultos no  protegen su espacio para crecer e invaden lo que no debería ser sacado a la luz hasta que no estuviese lo suficientemente construido. Están siendo expuestos cuando no se  da el tiempo  y la tranquilidad para lo que ha de ser pero que todavía no es. Es así como se pone en el escaparate, por ejemplo,  su sexualidad, examinándola con lupa desde que casi no andan, etiquetándola,  confundiendola en momentos en que  su sexualidad se está gestando y  debería estar protegida para dar  auténticos frutos.

Los adultos se convierten en gestores de sus hijos, controladores en pro del “derecho” en vez de ser celosos veladores del tesoro que esconde cada niño en su interior y que nadie debería abrir. Las redes sociales hacen lo mismo, desvirgan la intimidad y someten e imponen a los niños a algo que les es ajeno pero a lo que rápidamente se acostumbran, pues si algo saben hacer los niños es “colaborar” con aquello que, consciente o inconscientemente, se les pide para encajar.

 

  1. Anónimo Responder

    Qué buen artículo. Estoy totalmente de acuerdo. Lo comparto porque me parece fundamental que seamos conscientes de las posibles consecuencias. Muchas gracias!!!

    • Actualidad y Psicoanálisis Responder

      Muchas gracias por compartir. Creemos que es importante que los padres sean conscientes de dónde están los peligros en las redes, porque muchas veces nos quedamos solo con el miedo al manejo de la información y no nos fijamos en cómo influyen en la construcción de la identidad.

Deja un comentario

captcha *