Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Noche de bodas a los ocho años

La prensa nos electrocuta con informaciones como esta “Una niña yemení de 8 años muere en su noche de bodas por lesiones sexuales“. Durante unos minutos, horas o quizás días  tengamos el recuerdo del horror pero sintiendo que nada podemos hacer.

Desde la perspectiva de la que nos provee la distancia geográfica, cultural, económica,… etc,  podemos comprender la tortura por la que pasan las niñas a las que se las somete al matrimonio. Nos preguntamos: ¿Cómo es posible que una madre entregue a su hija de ocho años a un hombre,  da igual que sea de cuarenta o de veinte años, para que la rompa en pedazos?

Una niña a esa edad  tiene su mente llena  de fantasías, ilusiones, travesuras, enfados, juegos,.. dispuestos todos ellos para armar un psiquismo que en un futuro pueda albergar conocimiento, capacidad, confianza, amor, trabajo, posibilidades, armonía, felicidad, lucha,..

Lo cierto es que en muchas familias no existe la posibilidad de concebir al niño como un proyecto ilusionante y con futuro.

 

Podría pensar esto desde distintas perspectivas, pero lo voy a hacer  pensando en la potencia de la “masa” frente al individuo, en lo difícil que resulta, siempre, tener un opinión distinta al grupo, no digamos cuando existe una presión grupal de índole fanática del tipo nacionalista, religioso, tradicional….

¿Cuántas cosas no son aceptadas sin más por ser parte de nuestra tradición?

Todavía hay lugares en España donde se tira una cabra desde un campanario, “es la tradición”, o se mata un toro a palos a manos de los mozos y mozas del pueblo.

¿Hemos pensado alguna vez qué pasaría si alguien individualmente dijese que eso es cruel, que no es divertido?

Es muy probable que terminásemos en el pilón de la plaza del pueblo (como poco).

El fundamentalismo esta inscrito en las bases de la masa  y esto se produce porque en ella no hay sitio para el pensamiento y la diferencia de cada individuo, “las cosas son así porque siempre fueron así”, o porque así lo dice el Corán, o lo dice la ley tal..

De este modo me imagino a la madre de esa niña sintiendo pavor al entregar a su hija,…pero sin decir nada y si llega el caso sintiendo que está cumpliendo con su obligación de esposa, madre, etc…

Este planteamiento parece que nos deja más desmoralizados todavía, si los funcionamientos grupales son tan potentes, difícilmente podremos hacer que el mundo mejore. Pero esto puede no ser cierto, quizás  sí podemos hacer algo. Lo hacemos cada vez que pensamos y decimos nuestra opinión, aunque “la masa” nos rechace y nos desprecie. Lo hacemos cuando  en vez de mirar para otro lado nos preguntamos qué le pudo pasar a tal persona para llegar a esa situación. Hacemos algo cada vez que empatizamos con el dolor ajeno, cuando tendemos una mano. Hacemos algo siempre que nos implicamos, nos responsabilizamos y defendemos aquello que nos parece justo, aunque por ello nos salgamos del redil.

Atrevernos a tener conciencia propia, refuerza una parte fundamental de nuestro self: nuestro yo. El self está compuesto por diferentes aspectos y al  igual que puede ocurrir con nuestra individualidad dentro de un grupo, si no fortalecemos nuestro yo tomando las riendas y responsabilizándonos de nuestra vida y actos, el yo se pierde bajo el dominio de los aspectos infantiles, grupales “pandilla”,.. etc, que configuran  nuestro self. Cuanto más nos responsabilizamos, más fuerte es nuestro yo y a la inversa cuanto más evitamos la responsabilidad, más nos debilitamos.

 

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