Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Pedofilia: claves para detectar el abuso sexual infantil. La comunicación

La semana pasada escribimos el artículo  Bullying: el papel del grupo , hoy comenzaremos una serie sobre abuso sexual infantil.  Nuestro objetivo con este tipo de artículos es que los adultos puedan tener más herramientas para la detección de cualquier tipo de maltrato infantil y adolescente.

Creemos que es muy importante que los padres, madres, profesores, etc. comprendamos mejor los problemas que pueden tener los niños y conozcamos algunas de  las claves que nos faciliten ayudarles. En todas las dificultades que pueden presentarse durante el crecimiento y en particular en el tema que vamos a tratar las próximas semanas, es fundamental saber interpretar los mensajes de ayuda que a veces pasan inadvertidos.

La comunicación es la herramienta básica para la detección.

En la comunicación entre adultos y niños existe una barrera que pone la edad. A los adultos parece que se nos olvidó que alguna vez fuimos niños. Por eso nos cuesta entender lo que les pasa, saber lo que tienen en la cabeza. Estamos muy lejos cronológicamente de las fantasías, miedos e ilusiones que mueven su vida y su crecimiento. A veces por eso hemos de recurrir a profesionales para que nos ayuden.

A los niños les cuesta hacerse entender, en primer lugar porque tienen un desarrollo psico-fisiológico menor que el de los adultos y en segundo porque no les resulta fácil poner en palabras lo que les pasa y  a menudo tampoco  lo saben. ¿Si a los adultos nos cuesta, cómo no les va a costar a ellos?

¿Cómo darnos cuenta de que “algo” está ocurriendo y cuál es su alcance?

Debido a esta dificultad para comunicarse con nosotros, es su conducta la que nos tiene que dar las pistas para que detectemos que necesitan algún tipo de ayuda. Estas llamadas de socorro a veces son muy sutiles, como por ejemplo cuando dejan de tener apetito, no les apetece jugar tanto o de la misma manera que antes, cuando rehuyen salir con sus amigos…   En otras ocasiones pueden no mostrar ningún cambio perceptible en su conducta pero sí mostrar síntomas en el cuerpo, como problemas en la piel, dificultad para respirar, debilidad y hasta vulnerabilidad a la enfermedad “¡este niño lo pilla todo, está siempre enfermo!”.

A veces no es tan sutil, todo lo contrario, quizás los niños más fuertes sean los que se revelan a su situación activamente, estamos hablando entonces de niños que pueden mostrar una conducta descontrolada, que molestan en clase, que pegan,  que no se concentran…

También las dificultades pueden manifestarse a través de la sobreadaptación, son niños que nunca dan problemas, que siempre hacen lo que se espera de ellos y tienen un nivel de autoexigencia muy grande que es precisamente lo que a veces puede impedir que pidan ayuda y que los adultos siquiera se fijen en ellos.

En nuestro artículo Jesus Carballo, seleccionador nacional de gimnasia rítmica denunciado por  abusos sexuales a menores, explicábamos por qué a los niños les resulta tan difícil denunciar los abusos sexuales y solo les queda el recurso de mostrarlo a través de “trastornos de conducta”.

La ceguera de los adultos, que esperan que las cosas sean “normales” interpreta “los trastornos de conducta”  como síntoma de  algo “malo” que hay que corregir. Puede que esta conducta sea molesta, nos ponga en evidencia delante de otros adultos o nos haga cuestionarnos nuestra capacidad, pero hemos de intentar pensar, dar una oportunidad al niño para entender qué puede estar diciendo con estas conductas. Los síntomas sutiles, los evidentes, las sobreadaptaciones, las somatizaciones… son indicadores de que algo no va bien, desde un simple bache evolutivo, a dificultades en casa, con compañeros, con algún profesor, hasta llegar a problemas mucho más graves. Nunca debemos dejar de observar con profundidad, ni buscar atajos que nos quiten de encima “el problema”, porque es la mirada del adulto y su comprensión la que puede rescatar al niño.

Nuestra actitud receptiva ante el sufrimiento de los niños es básica para que se sientan a salvo emocionalmente, si a esto añadimos ser capaces de traducir y entender correctamente lo que nos quieren decir con su conducta, estaremos haciendo la mejor prevención para que  problemas típicos del crecimiento no detengan el desarrollo y podamos acudir en su auxilio en caso de necesitarlo.

 

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