Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Pensando en la película Take Shelter.

Como os anunciamos el otro día a través de Facebook hoy vamos a pensar sobre la película “Take Shelter”, nos parece que se puede ver a través de diferentes ópticas. La que nos interesa a nosotras es como muestra con una  metáfora, lo vulnerables que somos ante la naturaleza. El protagonista construye un delirio paranoide  a través del temor a la llegada de un tornado. Pero pensándolo desde el punto de vista del desamparo social, es probable que lo que esté mostrando sea un sentimiento de desvalimiento y desprotección tan grande, un sentimiento tan desbordante, que un aparato mental sano no pueda contenerlo. Es entonces donde se disparan los mecanismos de defensa. Nuestro protagonista  construye una historia, la venida de un tornado devastador. Otros elaboran otros mecanismos de defensa armándose hasta los dientes, amasando fortunas que les protejan “de todos los peligros”, poniendo todo tipo de mecanismos de seguridad (contra incendios, robos, seguros de vida, enfermedad, ….).

Hay una cuestión a la que no se presta demasiada atención, el hecho de que los niños de muchos países, incluidos los más prósperos, no tienen garantizada su tranquilidad. Porque los niños no solo necesitan una madre, también necesitan crecer en un entorno social continente, es decir, el niño nace desprotegido, necesita una madre para desarrollarse, pero a su vez esa madre necesita de una estructura familiar y social que la ampare y provea de seguridad.

De la seguridad emocional depende que los niños crezcan con confianza y desarrollen los suficientes recursos para vencer el miedo a la vida. Sin esta confianza básica serán pasto de miedos, fobias, obsesiones, en definitiva  todas las variantes de la neurosis.

El estado mental generado por la falta de seguridad provoca desconfianza hacia los demás seres humanos, en nosotros mismos y en lo que nos pueda deparar el futuro. En este estado mental se  fundamenta, en parte, el individualismo, por el que se considera que  cada uno es el artífice de su propia vida y no necesita a los demás para conseguir sus objetivos. De este modo la solidaridad pasa a un segundo plano: “Cada cual que atienda a sus problemas que yo ya resuelvo los míos”. Sin saberlo caemos en una trampa mortal para nuestra tranquilidad: si no hay grupo en el que ampararnos, no hay “hermanos” de viaje que velen por nosotros cuando los necesitemos.

En este clima emocional las sociedades se vuelven más “depredadoras” y alimentan un sentimiento de hostilidad y desconfianza hacia los otros.

Quizás el protagonista de la película no esté temiendo la llegada de una tormenta, sino a los peligros que se tendrá que enfrentar su familia si no encuentra una red social que les ayude en momentos de necesidad.

 

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