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¿Por qué los padres quieren ser madres?

Parece que los hombres se encuentran perdidos en la corriente donde todo lo masculino está bajo sospecha, de ahí que muchos padres reivindiquen su papel como “madres”para de este modo ser aceptados.

Claro que las mujeres han estado sometidas durante mucho tiempo, pero de ahí a que la mujer quiera  ser hombre y el hombre ser mujer …

El pasado 16 de enero nos topamos con un artículo titulado “Todos hablan de las madres, pero ¿a quién le importamos los padres?” Nos llama la atención cómo el autor reivindica su papel de padre intentando suplantar a la madre.

Sigue ampliándose la bibliografía sobre la maternidad mientras los padres no registran testimonios de su experiencia, tan parecida a la de las madres en pleno siglo XXI”

“Zoja cree que el padre histórico sólo tiene sentido como poli malo, cuando es poco discutible -dejado atrás el parto y la lactancia- que no hay absolutamente nada que pueda hacer una mujer con un niño que no lo pueda hacer también un hombre. Por tanto, donde nuestro autor ve destrucción y descrédito de la figura del padre, yo veo progreso, mejora, profundidad”.

En esta sociedad tan confusa, parece que ya no sabemos quiénes  somos. Cayendo en la idea de que la función del padre ha sido  “dar palos”, los hombres pueden estar perdiéndose en el deseo de no ser “los malos de la película”. Esta visión sesgada  que nos están vendiendo,  presenta dos bandos, los buenos y los malos, así no es de extrañar que el autor del artículo se defienda de ser padre y se considere madre.

Posicionarse así es del todo equivocado porque en la crianza es fundamental que haya dos roles diferentes, función materna y función paterna.  No vamos a dedicar  este artículo a describir la función materna de la que ya se ha hablado mucho, nos vamos a centrar en la paterna.

¿Qué hace un padre?

El padre ayuda a poner los pies en la tierra. Desde el principio puede tener una visión más realista. La madre tras el nacimiento sólo puede ver una cosa “al bebé”, es algo natural; sin embargo esta visión no es suficiente y es el padre el que permite la entrada de otros aspectos fundamentales para el desarrollo y crecimiento del niño.  Es algo muy sutil, por ejemplo “el bebé llora y la madre se angustia, el padre es el que trae la realidad a escena, no te preocupes, está bien, solo tiene hambre y puede esperar un poco”, su papel como padre le permite tomar perspectiva y aportar información vital para llevar adelante la crianza.

El padre favorece la autonomía y la independencia. Los niños necesitan de una figura paterna que les de la seguridad de que se van a poder desenvolver en el mundo, que no necesitan a mamá para todo: “Carlos de 11 años una mañana le dijo a su padre -Papá, hoy voy andando solo al colegio.  El padre estuvo de acuerdo. A la “mamá polluelo” se le abrieron los ojos como platos, es muy pequeño pensaba, es peligroso. El padre le aseguró que estaba preparado, que había recorrido ese camino mil veces y que seguro lo hacía bien. Finalmente y haciendo de tripas corazón la madre le acompañó al primer semáforo y ahí se despidió”.

El padre pone límites, fundamentales para crecer, para estructurar la mente, “qué se puede y qué no se puede”, los límites facilitan la capacidad de espera y la tolerancia a la frustración, imprescindibles para el aprendizaje y los logros.  Parece que esta función evidentemente paterna, está siendo muy devaluada porque se confunde el “no” con la agresión, el límite con el ataque.

La madre tiene unas funciones  y el padre otras, ambas  son complementarias. No se trata de quien hace la comida o quien cambia pañales, se trata de cómo se hace,  el estilo paterno y el materno son diferentes y ambos son  necesarios. No somos iguales.

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