Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Por qué nos cuesta envejecer?

Cindy Crawford  en una de sus últimas declaraciones “confesó” que le estaba siendo difícil envejecer, este comentario nos sorprendió porque lo que solemos ver es una carrera frenética para no reconocer que se está envejeciendo.

Envejecer es una consecuencia física de una evidencia psicológica, “somos parte de”, “no lo podemos todo”, “necesitamos de los demás”… somos vulnerables, sensibles y mortales. Pero puede ocurrir que se equipare esta fragilidad con impotencia y entonces es probable que se sienta como algo humillante de lo que hay que desprenderse. Es así como se pueden sentir los niños si no se les ayuda a crecer y a dar sentido a su impotencia (de esto hablábamos en el artículo de la semana pasada “Capacidad de superación“. Si el adulto no reconoce el valor y las posibilidades reales de lo que hace el niño, le lleva a sentirse desesperadamente torpe).

Poder sentir esa fragilidad es la que nos permitirá conectar con la parte más creativa, empática y humana de nuestra personalidad, por eso es tan importante desmontar la idea de que somos inmortales desde la infancia y sentir nuestros límites como algo natural. De este modo trabajaremos de manera realista para superarnos y construir un camino paso a paso, con metas y objetivos razonables y alcanzables. En el sentido opuesto, si nos estancamos en un frenético pulso con la realidad para intentar demostrar que somos la excepción, viviremos perseguidos por el temor a vernos obligados a aceptar la realidad,  porque tarde o temprano nos va a alcanzar.

Que Cindy pudiera reconocer públicamente su dificultad a envejecer, a pesar de haber sido una reconocida Top Model y uno de los iconos de belleza de los años 80 y 90, supone un ejercicio de humildad y de contacto con la realidad.  Además la vejez te brinda una nueva oportunidad de crecer, madurar.

Según escribimos esto parece que estuviésemos invitando a los lectores a que entren en una depresión mortífera. ¡Todo lo contrario!

El otro día viendo un cuadro de Ingres en el que se muestra el momento en el que Edipo resuelve el enigma de la Esfinge, se descubre un terror oculto impreso en el cuadro: vence, consigue aquello que no estaba al alcance de los mortales, pero a pesar de su satisfacción, se puede apreciar la catástrofe que se avecina en la cara de la figura que está al fondo.

Siempre que pensamos en Edipo pensamos en el Complejo en el que Freud se apoyó para fundamentar su teoría sobre el desarrollo y construcción de la mente. Precisamente para él, el niño debe aceptar su impotencia desde la aceptación de la realidad. El niño, el ser humano es un ser limitado, pero no por ello menos grandioso. Cuando no se ha encontrado el camino realista, de sentido común, para aprender a aceptar la realidad y sus limitaciones, es probable que nos dediquemos a buscar el éxito en el poder, en ser el primero, en ganar a todos, ser TOP, viviendo con la voracidad de alguien que se cree a salvo de lo que le ocurre al resto de los mortales. Edipo consiguió ser TODO a la vez, hijo y esposo, padre y hermano, lo mezcló todo y se quedó sin nada.

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