Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Profesión: Sus Labores

Ya no se lee o escucha por ningún lado eso de “profesión: sus labores”, en un mundo machista, donde la mujer ha sido y suele ser minusvalorada, no es de extrañar que nos resulte poca cosa ser ama de casa, de hecho parece que se impone la extinción de la especie por fuerza mayor; en una familia un sueldo no da para vivir.

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A las nueve y cinco de la mañana  una congregación de madres charla sin tiempo, como antaño, tal como imaginábamos los niños al entrar en clase: nuestras madres quedaban suspendidas en un estado placentero de charla primero y luego tarea, para tener todo en orden a nuestra vuelta.

Ese orden marcaba nuestra vida, daba un sentido y una contención inestimable a nuestra existencia. Mamá siempre estaba y nos sentíamos protegidos.  Con ella lidiábamos  las peleas para salirnos con la nuestra o nos ayudaba a entender por qué no podíamos excluir a un niño que nos caía mal.   Nuestra madre era firme y blanda, nos castigaba cuando hacíamos algo mal pero también nos acogía con un beso y un abrazo cuando más lo necesitábamos. No  hacía falta más.

A esta tarea psicoanalíticamente se la denomina “función materna”, la pueden hacer tanto hombres como mujeres y es imprescindible para desarrollar en los niños, adultos  con  capacidad de “Ser Humanos”, sin esta capacidad  quedamos como meros competidores y rivales, los unos de los otros, las unas contra los otros, los del norte contra los del sur, vecino contra vecino, hermano contra hermano…

En su conjunto la falta de función materna es un hecho en nuestra sociedad, ese puesto ha quedado vacante.

Quizás lo que aportaban los grupos de madres tomando un café después de dejar a los niños  era una contención fundamental para realizar esta difícil función.  Estar rodeado de niños, hasta en los mejores momentos, es algo que te deja exhausto, los niños depositan muchas ansiedades en los adultos, muchas preguntas, conflictos, enfados, pasiones, todo es muy intenso y a menudo llega al drama.   Todas estas emociones tendrán que ser recibidas y metabolizadas por las madres sin dejarse arrastrar por ellas, esto es realmente lo difícil, porque podría ocurrir que nos defendiéramos tanto de esas emociones que ni nos tocasen o que nos dejásemos invadir por ellas, en cualquiera de los dos casos no hay función materna. El grupo, la familia, la comunidad, ayudan a hacer esa función básica.  Este proceso hace que el niño vaya incorporando en su psiquismo estructuras que le ayuden a contenerse y poder pensar y poco a poco hacerse cargo de sus emociones.

Los adultos somos conscientes del vacío que deja no hacer esa función y queremos compensarla aleatoriamente con permisividad, con rigidez, con extraescolares, con sobreprotección,  con regalos y objetos materiales… pero eso no sirve. Nada puede llenar el vacío que deja “quedar sin madre”. Porque es precisamente esta función la que permite a los niños desarrollar su capacidad para ser humanos. Vivimos en una sociedad eminentemente voraz ¿será que nos falta mucha función materna y nos sobran objetos con los que intentar suplirla?

Todos los padres queremos que nuestros hijos lleguen a algún sitio, que puedan desarrollar sus capacidades, pero no todos nos planteamos el “cómo”, y no es lo mismo llegar con humanidad y plenitud, que con voracidad desesperada.

¿Qué pasaría si por un momento  nos parásemos y dejásemos aparcada la carrera frenética  de la competición en la que nos hemos embarcado y nos conectásemos con la madre que todos, hombres y mujeres, llevamos dentro?.

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