Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Quién se esperaba el triunfo de Trump?

Esta semana nos enviaron un artículo, “Donald Trump su verdadero secreto“, en donde se habla de ese lado oscuro que todos tenemos y del que muchas veces no queremos saber nada:

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Pero en realidad Donald Trump no es extraño o anómalo. Respalda algo universal, algo justo delante de nuestros ojos. Es un aspecto de la psiquis humana del que nos sentimos turbados y avergonzados, lo cual lo convierte en nuestro secreto colectivo. Retrocediendo un siglo en el campo de la psicología profunda, el lado secreto de la naturaleza humana adquirió un nombre especial: la sombra.

La sombra combina todos los oscuros impulsos – el odio, la agresión, el sadismo, el egoísmo, los celos, el resentimiento, la transgresión sexual – que están ocultas a la vista. El nombre se originó con Carl Jung, pero su origen básico provenía de una visión de Freud de que nuestras psiquis son duales, fuertemente divididas entre el consciente y el inconsciente.

¿Por qué nos parece tan importante hablar de la sombra? Como individuos todos tenemos una parte oscura, una parte infantil que reclama toda la atención, que no soporta que otros tengan y uno no, que quiere sentirse todo el rato muy poderoso, que quiere salirse siempre con la suya.  Afortunadamente esta parte infantil queda contenida por otros aspectos de la personalidad que son más maduros y que no permitirían que esta parte se hiciese con el poder.  Pero sin lugar a dudas hay algo fascinante en quererlo todo y en conseguirlo.

¿No será esto lo que a veces ocurre en nuestra sociedad con el “buenismo”?

Los que tendrían que hacer en nuestra sociedad el papel de limitadores: los padres, los políticos, los profesores, los jueces… han entrado en un dilema donde no saben si atender a su parte más adulta y poner límites a este niño que lo quiere todo, o complacer de un plumazo al niño y a ellos mismos. A esto es a lo que llamamos el “buenismo”: soy muy bueno, te lo doy todo, no te frustro nada.  También se convierte en lema: todos somos iguales, todos nos merecemos lo mismo, todos tenemos los mismos derechos… y claro, no todos somos iguales, hay quien con su esfuerzo merece más que otros, hay delitos por los que hay que pagar… porque si esto no se reconoce lo que se genera es mucho malestar, el “buenismo” genera malestar latente.

Cuando por ejemplo un estudiante se esfuerza en hacer sus tareas, en atender, en llegar puntual, en asistir a todas las clases, lo normal es que pase de curso.  Con la LOGSE el que no se esforzaba, el que no hacía sus tareas, el que no atendía, el que no llegaba puntual, también pasaba.  El mensaje que se transmitía era que eras un “pringao” por esforzarte, porque si no te esforzabas, tampoco importaba mucho, iba a ser suficiente para manejarte en nuestra sociedad.   En realidad se premiaba la mediocridad y se estimulaba la desidia en todos. Pero claro, desde el “buenismo” ¿cómo iban a suspender a los pobres chicos que no pegaban un palo al agua?

El adulto que ejerce el “buenismo” deja al niño solo, porque no cubre sus necesidades básicas y porque no valora lo que hace bien ni pone un límite ante lo que hace mal, solo mira por si mismo para evitar la frustración y la protesta ante el límite

El “buenismo” es un funcionamiento muy injusto, que genera mucha rabia porque no hay una verdadera Ley del Padre, que establezca un orden con principios sensatos, justos y maduros, lo que hay es un todo vale.

Donald Trump puede  ser en parte el resultado de esta ausencia de sentido común por exceso de “buenismo”.  Cuando todo vale y no se ha podido establecer un criterio justo y sensato, la rabia es la expresión natural del grupo  por sentir tanta frustración e impotencia. En este punto lo que busca el grupo es un líder omnipotente “que haga justicia”, ya no hay pensamiento, se quiere venganza.

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