Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Quiénes son los valientes?

Hoy queremos hablar sobre valientes. Es probable que lo primero que nos venga a la cabeza sean personas que arriesgaron su vida por salvar a otros, aquellos que hicieron una proeza de superación frente a la naturaleza, la adversidad en cualquiera de sus formas e incluso frente a la enfermedad. Pero seguramente no se nos haya ocurrido  pensar  en los ancianos.

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Suele pasar  desapercibido el esfuerzo que hay que hacer para mantener las ganas de comenzar el día cuando la vida te lo pone difícil. La vejez es una etapa de renuncias y pérdidas, si muchas veces durante la madurez, en nuestro esplendor, hemos podido sentir temor al futuro, incertidumbre, tristeza por las circunstancias de la vida… en la vejez se recrudecen todos esos sentimientos por el dolor emocional de los duelos ante las pérdidas de seres queridos y el dolor físico por las  enfermedades y las limitaciones del cuerpo.

Una valiente es por ejemplo Julita Salmerón y no menos valiente su marido Antonio García. Son los padres del actor y director Gustavo Salmerón, cuyo documental, “Muchos hijos, un mono y un castillo” ganador del Goya al mejor documental, retrata la vida de esta pareja octogenaria y de su familia.

Lo primero que llama la atención es que Julita no ha perdido la inocencia y disfruta de lo pequeño, de lo común y cotidiano. No necesita grandes cosas para alimentarse de vida, (aunque tuviese deseos tan grandes como el de tener un castillo). Su imaginación sigue fresca y viva como la de una niña, pero con la sensatez y renuncia de una anciana anclada a su presente y a sus limitaciones. El dolor convive con la vida sin pelea.

La frustración nos puede hacer  un poco cobardes, a veces incluso derrotistas, malhumorados o recelosos. Es por eso que cuando vemos a ancianos que no han sucumbido a la frustración y siguen disfrutando de vivir, con los miedos contenidos, los disgustos sujetos y la risa fácil,  uno se pregunta:  ¿cómo lo han conseguido?

Para escalar una montaña a muchísimos grados bajo cero, en condiciones físicas y meteorológicas en contra, sabemos qué hay que hacer: prepararse concienzudamente para tener una fortaleza física y mental que pueda con la montaña. Pero para llegar a la cima de la vida con felicidad ¿qué hay que hacer?

Desde el psicoanálisis nos aventuramos a proponeros una hipótesis.

Igual que ocurre con los deportistas, la preparación para la vida depende mucho de nuestras condiciones de partida, en el caso de los deportistas de una condición física buena, pero es verdad que incluso cuando no se tienen las mejores condiciones, el tesón y la disciplina pueden suplir las carencias. Es fundamental encontrar buenos preparadores,  con grandes dosis de sentido común que hagan de la preparación un camino ordenado, sacrificado y feliz. Eso quiere decir, que tengan metas ajustadas a lo que se puede conseguir y que siempre valoren, cuiden y comprendan a sus pupilos. En la vida es igual, los niños y adolescentes necesitan padres y otros adultos de referencia que les ayuden  a tener un plan de ruta honesto, realista y ajustado a su realidad  y a sus circunstancias.

Este punto de partida abrirá las puertas a la confianza en la vida y en uno mismo, de manera que la frustración del vivir se vaya encajando con relativa deportividad.

Cuando nos frustramos en exceso, somos como esos deportistas que acostumbran a tirar la raqueta cuando se enfadan o terminan soltando improperios a sus compañeros o al arbitro cuando los resultados no son los que esperan.

Si no hemos trabajado intensamente el sentido común, seremos presas del descontrol o de la inhibición, ambas caras de la misma moneda. Así caeremos en la gran temida culpa, que nos llevará a rumiar contra los demás y contra nosotros. Perderemos la frescura y la felicidad natural de la vida. Julia y Antonio llegaron a la cima, han conseguido como muchos otros valientes, hacer el camino y seguir disfrutando.

  1. Javier F. Responder

    Muy bueno. Esto os da para un video potencialmente viral.

  2. Natalia Responder

    Estoy con Javier! Reconocer a los que nos preceden y aprender de ellos! Da para mucho! Vitalidad incluida.
    Gracias por seguir haciéndonos reflexionar!

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