Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

Respetar a los mayores. Emmanuel Macron

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha reprendido este lunes a un joven estudiante que durante un acto conmemorativo le saludó al grito de “¿Qué pasa, Manu?”, y a quien respondió con un “a mí me llamas señor presidente o señor”.

Este gesto ha dado la vuelta al mundo, parece que hacer valer el respeto y el orden llama mucho la atención.  Ha habido multitud de referencias a este hecho en los medios, una de ellas,  se hizo en el programa  que dirige Pepa Fernández, “No es un día cualquiera” de RNE en un debate sobre el respeto (escuchad desde el minuto 32). En general todos los intervinientes coincidían en la necesidad de mantener unas normas de convivencia, que no vale todo, pero uno de sus  contertulios defendía  que el adolescente había sido intimidado por el adulto (Presidente Francés) porque en verdad tenía el derecho de dirigirse al Presidente de la manera que considerase oportuna sin faltar el respeto.

Nos preguntamos primero: ¿dónde está la frontera entre el respeto y la falta de respeto? parece que el adolescente sabia perfectamente que estaba en un acto oficial conmemorativo de la Resistencia Francesa en la Segunda Guerra Mundial. Que se estaba dirigiendo a un presidente de una nación y que además era un adulto.

Otro tema a debate es el de qué es el respeto, si se puede tratar al otro como si fuese tu amigo. Evidentemente todo depende de la ocasión, si se trata de TU amigo, llamarle Manu en el instituto esta bien. Pero a lo mejor, ese tono despreocupado tampoco se utilizaría el día de la graduación de tu amigo.  Seguramente aplicaríamos un tono en cierto modo solemne para remarcar el respeto hacia el amigo que ha alcanzado su meta después de años y grandes esfuerzos.

El respeto es contención emocional, que crea un espacio para que el otro no se sienta invadido por nosotros y por nuestro ego. Hoy en día invadidos  como estamos por el narcisismo mas primitivo, no es difícil de entender que se confundan las cosas y se antepongan los manidos “derechos” que consisten en que yo hago lo que quiero por que yo lo valgo. Así los adolescentes y demás figuras de autoridad se sorprenden de que un adulto marque la diferencia y diga NO.

Los funcionamientos narcisistas no ven al otro, solo ven: yo, mio, quiero, ahora, dame, necesito, lo quiero, me lo merezco, es mi derecho. La  confusión generada por este funcionamiento mental ha calado de tal manera en los adultos, que a veces les resulta imposible poner límites que ayuden a los niños y adolescentes a saber cual es el camino para conseguir ser auténticos seres humanos con respeto a los otros pero sobre todo con respeto hacia ellos mismos.

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