Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

¿Sirve para algo el psicoanálisis?

Cuando hablamos con personas ajenas al psicoanálisis a veces nos preguntan si es cierto eso que cuentan en las películas sobre el psicoanálisis: tratamientos interminables,  psicoanalistas que no hablan, el diván… como si todo respondiera al patrón «Woody Allen».

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¿Por qué se tiene esta idea?. Es probable que en  una sociedad donde lo que queremos son respuestas rápidas y soluciones fáciles, analizar con detalle y en su conjunto, pueda parecer una pérdida de tiempo. Además nos resulta bastante difícil tolerar que no lo sabemos todo, quizás por eso la necesidad de buscar respuesta en los genes (parece que hoy todo lo que pasa responde a algún gen que nos dirige), que localiza rápido el problema y marca un protocolo de respuesta que se puede seguir sin pensar. Se acabó la incertidumbre.

Pero la verdad es que hay muchas cosas que se nos escapan de las manos y como mucho en el mejor de los casos lo que podemos hacer es pararnos a pensar e intentar juntar las piezas.

El otro día en una vista por un caso de maltrato infantil la jueza ponía el énfasis en saber  si la niña había expresado verbalmente el maltrato,  pretendía que la respuesta de un niño fuese la misma que la de un adulto, sin tener el cuenta la psicología del niño, decía: «Si o No»,  parecía desear poder tener la respuesta y la solución de un plumazo.

Este tipo de situaciones producen mucha angustia, pueden poner en marcha mecanismos de defensa para no pensar que llevan a  actúar a lo loco. Es quizás por eso que la juez parecía dar entender que no iba a aceptar otra respuesta, decía no entender para qué servían los dibujos que se aportaban como prueba de la agresión.

Hoy en día se quieren respuestas no preguntas, para de este modo evitar conocer la complejidad que esconden casi todas las situaciones de la vida. Queremos ver sólo la punta del iceberg. Es dramatico pensar que la decisión sobre las medidas a tomar en un caso de maltrato sean tomadas sin comprender la situación en su conjunto, la juez no se estaba haciendo cargo de su propio malestar ni quería ver  las dificultades de la niña para expresar el maltrato.

Psicoanalíticamente la respuesta sería que un niño ante el maltrato por parte de uno de sus progenitores, queda inmerso en un estado de confusión que le impide  diferenciar quién ha hecho mal a quién. El niño depende tanto de sus padres y los tiene tan idealizados que haber sido maltratado por ellos resulta incompatible con sus sentimientos y por eso la realidad queda confundida con la fantasía.

Sólo a través del contacto con su mundo interno (su inconsciente, fantasías, miedos, deseos) podremos conocer cómo ha vivido la experiencia traumática, en qué grado de elaboración se encuentra el trauma, en qué estado han quedado sus figuras de referencia (su madre y su padre) y sobre todo cuales son sus sentimientos hacia estas figuras, si se siente desprotegido, atemorizado, culpable, triste.

Entender a un niño lleva tiempo y la psicología, debido a la presión social, a veces quiere ir muy rápido, por eso no nos extraña que los psicólogos del juzgado tras 10 minutos de entrevista con la niña decidieran que ella mentía.

Si queremos atajos, los vamos a encontrar, siempre habrá un profesional que diga lo que esperas oir  y deje de lado la visión completa de la situación. Esto ocurre en todas las áreas en las que intervienen personas, en la empresa, en las familias, en la educación, en la resolución de conflictos dentro de una organización. Pero el psicoanálisis no funciona así,  necesita tiempo para comprender y profundizar y así tener una visión global de las dificultades y los traumas. A veces queremos ir tan rápido para evitar el contacto con el dolor que buscamos lo imposible: que una niña ante una experiencia traumática diga claramente lo que le ha ocurrido. Así sólo se conseguirán respuestas rápidas y fáciles, respuestas de manual.

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