Actualidad y Psicoanálisis

Temas de hoy desde una perspectiva psicoanalítica

The marshmallow test

Hoy queremos hablar de un famoso experimento longitudinal que realizó el psicólogo Walter Mischel en los años 60. Se llamó el “Marshmallow test” y consiste en dejar solo  a un niño entre 4 y 6 años en un cuarto con una golosina, diciéndole que si aguanta sin comérsela y sin levantarse, se le dará otra cuando vuelva.  Si veis el video comprobaréis las diferentes reacciones ante la soledad y la incertidumbre de no saber cuando va a aparecer de nuevo el adulto y la excitación por la tentación de comerse la golosina.

El experimento trata de medir la capacidad de autocontrol de los niños partiendo del supuesto de que aquellos niños que no se comen  la golosina tendrán un mayor éxito en la vida. El  tiempo dio la razón a Walter Mischel, muchos de los niños que no pudieron aguantar la tentación tuvieron problemas en los estudios, en su adaptación social, etc. La mayoría de los niños que no se la comieron tuvieron una buena adaptación social.

Los niños entre los 4 y 6 años necesitan que los adultos se hagan cargo del manejo del tiempo y de la contención de la angustia. Por eso es tan importante que los adultos sean previsibles manteniendo los límites y las rutinas  para poder  generar un estado de tranquilidad que permita al niño desarrollar una buena organización interna. En esta etapa la obediencia  crea las bases para la maduración si está ligada a la confianza, previsibilidad y sensatez de los padres.

En el experimento se está pidiendo que el niño se haga cargo de una función que normalmente a esta edad realiza el adulto, por eso observamos las dificultades por las que pasan en el vídeo. Les cuesta mucho convertir la angustia en algo llevadero porque  no les han proporcionado  ningún recurso adicional para hacerlo (juguetes, papel, pinturas…), de este modo la manejan con los pocos recursos  internos que tienen y claro algunos acaban dándose cabezazos, miran al infinito, chupan, tocan, hasta que finalmente acaban comiéndosela aunque tan solo sea un bocado.

Lo que el experimento no contempla es el tipo de obediencia, si los niños aguantan sin comer la golosina debido al sostén psíquico que proporciona la interiorización de unas buenas figuras paternas o al miedo a desobedecer.

Por otro lado si el experimento se realizase con niños de 8 a 10 años, el resultado esperado  sería  una cierta capacidad de espera, pero se buscaría que desplegasen alguna capacidad más, no simplemente darse de cabezazos contra la pared, porque a esta edad es muy importante que el niño vaya adquiriendo la capacidad de cuestionar, de crear alternativas, de plantearse el por qué de la obediencia…

Muchas veces en nuestra consulta  y en los talleres que hacemos en colegios, nos encontramos con padres y profesores que no saben como  facilitar que los niños puedan evolucionar de la obediencia ciega o la desobediencia  al cuestionamiento y la autocrítica. Si en la primera infancia “se dieron bien las consignas”, ¡¡Ahora le toca al adulto no tocar el marshmallow!! y aguantar la incertidumbre que producirá delegar la responsabilidad al niño.

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